¿Cómo quiere ser recordada la clase empresaria argentina?

Economía

"Te van a recordar por cómo te manejaste", asegura Victor Küppers, quizá el conferencista más prestigioso y mejor pago de habla hispana. La pregunta es cómo quieren ser recordados en la tragedia los empresarios locales.

Victor Küppers es hoy, quizá, el conferencista más prestigioso y mejor pago de habla hispana. Holandés de nacimiento, economista y doctor en Humanidades, es profesor en la Universidad de Barcelona y en la de Navarra. Experto en desarrollo de las potencialidades y la motivación de grupos, es buscado para hablar ante las gerencias de las multinacionales más importantes. Entre sus habituales clientes, su currículum menciona, en España, a El Corte Inglés, el BBVA, La Caixa, Bankinter, Codorniú, Sabadell Gas Natural Fenosa; además de, internacionalmente, Nike, Nestlé, Volkswagen-Audi y Procter&Gamble. Como curiosidad, es uno de los pocos hombres que tiene contacto directo con Lionel Messi, y de los escasos que pueden acceder a la intimidad de La Masía del Barcelona como profesional de la motivación. Su tarea en el equipo es trabajar para que funcione unido un grupo de estrellas. Ahora, en tiempos de coronavirus, fue invitado a dar de manera virtual un mensaje a sus seguidores, y posteó una comunicación abierta en su cuenta personal de Instagram, donde se refiere a la pandemia y los estados de ánimo. En primer lugar, reflexiona que esta catástrofe sanitaria, social y económica es comparable con lo que antepasados vivieron con guerras, posguerras, pestes, hambre y terremotos; y que “ahora nos ha tocado a nosotros, lo que no nos hace ni mejores ni peores”. Habla en general sobre la situación de desesperanza, preocupación y miedo, y luego afirma confiado que “saldremos”, aunque “no sabemos si fortalecidos”, ya que lo que se vive es “un túnel, no un pozo; y de los túneles se sale”. Al final llega al mensaje más fuerte: “Esto lo vamos a superar; dentro de unos años hablaremos de esta situación, y lo importante será cómo quieres que te recuerden”, y completa con una frase directa: “Te van a recordar por cómo te manejaste”. Siendo Küppers un hombre que centra su carrera en hablarles a algunos de los empresarios más importantes del mundo, incluyendo a los CEO y gerentes, se puede inferir que, en gran parte, es una frase lanzada a este sector.

La pregunta sobre cómo se quiere que se nos recuerde mientras transitamos una tragedia de este nivel abarca a todo el planeta, todos los políticos, todos los sectores de la clase dirigente del mundo, y también, obviamente, a la Argentina. Y dentro del país, por lógica, a los empresarios locales. Es entonces el momento en que los principales propietarios y máximos responsables de las grandes compañías argentinas se hagan también esa pregunta: cómo quieren que se los recuerde cuando pase la pandemia. Como quienes aportaron a que el país que, quizá, los hizo ricos y poderosos (lo cual no es malo, todo lo contrario, si se logró con buenas artes), o como los que pusieron duros palos en la rueda en el peor momento. Porque, como dice Küppers, “se los va a recordar”.

Hay quienes tratan de ubicarse entre los que aportan a la solución del problema, con más o menos pasión, pero con medidas concretas. Algunas acciones merecen destacarse. Hay bancos que ya agilizaron las líneas de crédito para que alguno de sus clientes puedan acceder a créditos blandos y habilitados por el Banco Central, para liquidar en tiempo y forma los salarios del mes. Están los públicos Nación, Ciudad y Provincia, y también algunos privados, como Santander, Macro, Galicia, ICBC, el Citi, que desde su segundo piso comienzan a ofrecer refinanciación de deudas para empresas. Están también algunas empresas, como Consultatio, que les aseguró a todos sus empleados dedicados al real estate que no perderán sus puestos ni sus salarios, o algunas terminales automotrices y concesionarias que les aseguraron a su personal y a sus proveedores que se harán cargo de la nómina salarial y gastos, al menos, por dos meses. En el otro costado de la vida y tamaños de empresas, vía Twitter, Hugo Basilotta (dueño de la fábrica de alfajores Guaymallén y personaje de dicha red social) se comprometió de palabra a no despedir a ninguno de sus 200 empleados y que, cuando termine la pandemia, abrirá una planta nueva y tomará 100 más.

Todos los casos merecen ser mencionados con nombre y apellido, y este medio se compromete a hacerlo.

Pero también están los otros. Los hombres que son líderes de decisión del sector privado argentino, que deberán reflexionar en estas horas sobre la frase de Küppers acerca de cómo quieren ser recordados.

Hay bancos de primera línea, que ya les comunicaron a clientes de años que sus líneas de descubierto fueron reducidas a cero, advirtiéndoles que en estos momentos duros que se avecinan no cuenten con ellos para financiarse o autofinanciarse. Se les comunicó también que la política de descuentos de cheques quedará suspendida o que se efectuará a una tasa del doble de lo habitual. Otros bancos les enviaron notas vía email a sus clientes personales para notificar que deben acelerar el cubrimiento de moras antes de ser inhabilitados, anticipándose a medidas del BCRA que lo prohibirían. Existen entidades que subieron de antemano los pagos mínimos de tarjetas, para que sus clientes no puedan financiarse con las tarjetas de crédito ante las masivas compras de las familias que se observaron en los días previos y en los primeros de la cuarentena. Deben saber todas esas entidades que sus clientes, empresas o personas tendrán memoria, y cuando esto pase, tomarán decisiones.

Están también los empresarios vinculados a la economía real que lejos están de reflexionar sobre la frase de Küppers acerca de cómo quieren que se los recuerde. Hay quien anuncia la suspensión de nóminas enteras de empleados sabiendo que el negocio en el que se desempeñan sufrirá paradas fuertes, casi totales. Una cadena de cines y otra textil hicieron punta. Son conocidos también casos de grandes multinacionales industriales y concentradas en los mercados de obra pública y petroleros que, apenas a una semana de comenzada la cuarentena, anunciaron sigilosamente despidos de miles de empleados sólo por la proyección de caída de ingresos. Son en su mayoría empresas pioneras en el país y, en algunos casos, de los pocos representantes históricos de las transnacionales de origen local. Deberán saber que son ejemplo para el resto de la clase privada; que sus acciones son tomadas como faro. Y que si se efectivizan estos despidos masivos de personal, se demostrará falta de buena faena administrativa. Cualquier multinacional que se precie de tal, según la norma de administración básica inaugurada por el maestro de la dirigencia empresarial Peter Drucker, debe tener al menos dos presupuestos de gastos completos ahorrados líquidos, incluyendo salarios, pago a proveedores e impuestos. No puede llamarse entonces multinacional bien manejada a una empresa que, a menos de 15 días del llamado a cuarentena, despide a gran parte de su personal. De concretar los despidos, será recordada, según la frase de Küppers, no sólo como de las primeras que despidieron personal, sino como compañía con dudosa calidad gerencial al no poder prever dos meses seguidos de gastos.

Hay también compañías de seguros que les comunicaron a sus empleados y socios que ya en abril se cesanteará a todo el personal que no consiga nuevos clientes. Hay terminales automotrices cuyos planes de ahorro aumentaron el mes pasado sin que los precios de los automóviles inscriptos se incrementaran; sólo por la preocupación ante eventuales congelamientos de cuotas por parte del Gobierno. Hay servicios públicos de gas y electricidad que aumentaron sólo para cubrir eventuales congelamientos oficiales. Finalmente, en la nómina de los que serán recordados por sus acciones, están los fabricantes de alimentos, bebidas y productos de consumo masivo y bienes sanitarios (incluidos alcohol en gel y alcohol líquido) que elevaron masivamente sus precios en los días de cuarentena aprovechando esta situación. Nada, salvo el alza de la demanda y la potencial mayor ganancia, justifica esta acción. Hay servicios públicos congelados, dólar más en baja que en alza (tanto el oficial como los alternativos), salarios sin reacción y costos generales paralizados, además de una demanda sostenida que ameritaría, en cualquier economía normal que respete las normas de Paul Samuelson, una baja de precios más que un incremento.

Es el momento de que la clase dirigente empresarial argentina esté a la altura. Y apueste, con críticas siempre bien recibidas, al futuro del país. Que lo tendrá, aunque la economía caiga, según las proyecciones de Goldman Sachs, más de 5,2% este año.

Deberá tener la clase dirigente privada argentina un antecedente sobre cómo serán juzgados en esta crisis, que según la definición de la canciller alemana, Angela Merkel, será la más importante desde la Segunda Guerra Mundial. Son muchas las empresas argentinas, algunas muy grandes, exitosas y en las últimas décadas absolutamente éticas y humanistas, que aún no pueden quitarse de encima la mala fama generada por sus complicidad con acciones violatorias de los derechos humanos durante la última dictadura militar. Son muchos los empresarios que debieron retirarse de la conducción de varias de las grandes compañías del país por haber sido acusados, con razón, de haber colaborado en la violación de los derechos humanos básicos durante el último Gobierno militar. Y aún hoy, a más de 40 años de esos hechos, les cuesta a esas empresas (todas de primerísima línea) poder despegarse de ese oscuro pasado. Quizás esta referencia sirva para citar nuevamente a Küppers. Los empresarios, especialmente los más importantes del país, deben preguntarse hoy cómo quieren ser recordados. Porque, sabemos, esta pandemia pasará. La capacidad productiva del país quedará muy abatida y, en muchos casos paralizada. Pero si algo demostró la Argentina, experta en crisis terminales, es que hay y habrá una salida, y que ésta será más o menos dolorosa, pero existirá. Es el momento de pensar cómo quiere cada empresa y su conducción que sea recordada cuando la tan deseada normalidad regrese.

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