Empresas $ 400 o $ 420 si ayuda a PyMEs. Gremios $ 500 y subsidios para $ 730. Gobierno lauda $ 450
Negociaban anoche empresarios y sindicalistas para llegar hoy a la comisión de política salarial del Consejo del Salario Mínimo, Vital y Móvil con una ecuación que le permita a ese organismo, mañana, fijar un sueldo mínimo para toda la economía. Cada sector se mostró dispuesto a ceder algo con tal de permanecer sentado en una de las escasas mesas en las que el gobierno dialoga con sectores sociales, sean empresariales o gremiales, como es ese Consejo. Por eso las empresas irán a la reunión de hoy con dos posturas diferenciadas por matices. El gobierno laudará en $ 450, exaltando la figura de Néstor Kirchner que quiere hacer pensar que el aumento se le debe a él (esto irritó a los sectores convocados para la negociación, claro). Pero deberá ceder desde el Tesoro con la baja de impuestos que le piden desde los dos lados de la mesa. Un llamado «Instituto de Consultoría Social» -en periodismo no se conoce y es probable que sea otro invento pícaro de la CGT ya que lo preside el abogado laboralista Lucio Garzón Maceda- dice que si se fija en la Argentina el salario mínimo en $ 450 estaría por debajo del de Chile, Estados Unidos, Paraguay, y la mayoría de los países europeos, incluyendo Turquía y Paraguay. Si se lo mira bien, es ridícula la comparación con Estados Unidos, Chile o países europeos porque el nuestro es un país en default, el mayor titular de deuda externa del mundo en proporción a su PBI, y viene de una terrible crisis financiera. No sólo la comparación no tiene sentido en relación con economías consolidadas y racionalmente conducidas, sin demagogia alguna, sino que tampoco se entiende que dicho salario mínimo que regiría en la Argentina sea superior a los vigentes en Brasil y México -ambos son las mayores economías de Latinoamérica- y que Uruguay que nunca cayó en default. El «Consejo de la productividad y del salario mínimo vital y móvil» -pomposo título donde jamás se discutió productividad- está derivando en lo previsto: un desatino. Tanto que ayer el diario «La Nación» tituló en tapa «Rechazo empresarial a un salario mínimo no menor a $ 450». O sea, sería como que el sector de producción -que como máximo llegaría a $ 400, como ofrecen las grandes empresas, y $ 420 para pymes siempre que tengan rebajas impositivas y con discusión por zonas y empresas para ver quiénes pueden pagarlo- querría más aumento. Un absurdo. La CGT oficial quiere pedir que sea de $ 500 para llegar a $ 730 (hoy haría quebrar a la mitad de las empresas del país y a casi todas las provincias) pero para suavizar dice que sumando aumentos previsionales a cargo del Estado (léase «subsidios») y rebaja en el IVA de verduras y hortalizas que Lavagna ya concedió. Ya explicó este diario que los «gordos» quieren pegarse de alguna manera a la cifra $ 730, aunque sea una locura, porque la lanzó un sector que no debía estar en la reunión y se incluyó por error en este «Consejo», la CTA. No le quieren ceder terreno y piden $ 500 pensando que el gobierno laudará, con «apariencia democrática» $ 450. En realidad los «gordos» no quieren dureza porque aspiran a llevarse millones de pesos para ellos con la obra social a los desempleados y piqueteros que, obviamente, pagaría el gobierno también como subsidio. El populismo de izquierda del gobierno sigue forzando aumentos sin mirar la realidad de las empresas, como si fuera igual Techint que exporta, cobra en dólares, paga sueldos en pesos, salda el valor del gas a «la sexta parte» del resto del mundo (lo admitió el presidente de la metalúrgica, Paolo Rocca) que con el diario «Crónica» o cualquier otra empresa mediana que venden en pesos y tienen que pagar insumos y maquinas de importación en dólares. Claro, el gobierno manipula este consejo para no imponer lo que quiere por decreto, como hasta ahora, algo que no es legal y da aire de autoritarismo, sobre todo ante el Fondo Monetario.
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Susana Rueda.
• Representación
Finalmente, los sindicalistas aprovecharon para resolver su interna también ayer. Es probable que Rueda termine sentada en el Consejo pero después de reconocer lo que ayer repetía el plástico Vicente Mastrocola en las radios porteñas: «El que crea que nos vamos a dividir no sabe lo que nos costó la unidad. ¿Discriminación a la mujer? Ninguna: somos hijos de Eva Perón, que estableció el voto femenino para la política y el principio de que a igual trabajo corresponde igual salario para la vida social».




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