Terminó enero y pocos quieren recordar cómo les fue con sus inversiones. Si bien es cierto que el Dow perdió 3,49 por ciento de su valor y el NASDAQ 1,09%, los que se entusiasmaron en la primera mitad del mes, cuando vieron que éstos trepaban más de 6% y de 9%, respectivamente (dando pie a la vieja tradición que afirma que si las primeras ocho sesiones son positivas, así finalizarán el mes y el año) deben estar maldiciendo a los creadores de estas supercherías. La única esperanza que les queda es que si se equivocaron una vez, se pueden equivocar dos, y no se trata de aquello que "de acuerdo a cómo termina enero, termina el año". Sin dudas, el comportamiento numérico de las acciones no refleja el animo que prima entre los inversores, ya que de no haber sido por la mejora del viernes, cuando el Dow trepó 1,37% para quedar en 8.053,81 puntos, estaríamos hablando de una merma mucho mayor. A esta altura no vale la pena volver a repetir toda la cantinela sobre la desconfianza de quienes invierten en las empresas norteamericanas, los temores que tienen sobre el futuro económico y lo poco que les agrada el conflicto militar que se prepara en el Golfo Pérsico. De hecho estaríamos repitiendo casi textualmente lo que se dijo a fines de diciembre, salvo que deberíamos cambiar algunos números, porque ahora el euro se revalorizó 3,14% frente al dólar, el oro trepó 5,24% y el petróleo subió 2,54% y la tasa de los "treasuries" (a 10 años) trepó 4,15%. La interpretación de este cóctel es simple y la hemos estado repitiendo una y otra vez: los inversores tienen miedo a lo que el futuro puede traer al país. Seguramente que con el desastre del Columbia las cosas no han de mejorar.
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