Es ley la tarifa especial para hacer obra pública
Después de semanas en que el Congreso parecía funcionar sólo al ritmo de exigencias sindicales que afectan a empresas e inversiones y de pujas en la interna del peronismo -oficialista u opositor-, ayer hubo avances legislativos en temas clave. Se confirma que el gobierno puso freno a la presión de gremios en la Comisión de Legislación del Trabajo, cuerpo del que se apropiaron este año. Héctor Recalde reconoció en una reunión de esa comisión el pedido oficial para que se abstenga de avanzar con reformas «moyanistas» a leyes laborales. Se criticó en el Senado que el gobierno quiera financiar obras de energía con una tarifa más cara para las empresas, en principio porque luego podría ampliarla. De todas formas, esa iniciativa ya es ley.
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Julio De Vido y Rodolfo Terragno
El peronismo consiguió finalmente imponer el proyecto por 37 votos a favor y 20 en contra no sin exponerse a un desgaste ante los argumentos del radicalismo sobre la constitucionalidad y legalidad de la delegación de facultades al gobierno -para fijar los cargos, el monto, las obras y el tiempo que regirán para construir gasoductos, redes de alta tensión y generación- y la posibilidad de sustituir la ley por otro sistema para financiar las obras. Sin duda el momento cumbre de la sesión fue el cruce entre Cristina Fernández de Kirchner y el radical Ernesto Sanz. El jefe del bloque UCR había sostenido durante el debate la necesidad de aclarar que se estaba violando la legalidad al establecer un impuesto real sin nombrarlo y autorizando al gobierno a aplicarlo y cuantificarlo a su voluntad.
Cristina Kirchner tomó más tarde la palabra para defender la posición del gobierno y desafió a Sanz: «Seguramente escucharemos luego una propuesta superadora por parte del presidente de la bancada UCR que estamos dispuestos a debatir, éste es el proyecto que nosotros tenemos para comenzar a construir las obras necesarias», dijo. «El gobierno puede hacer gala de la defensa de los usuarios y consumidores», lanzó para desmentir que se estuviera ante una suba de tarifas.
«Si alguien tiene un plan de financiamiento para realizar las obras mejor del que presentamos, estamos dispuestos a escucharlo, si es necesario me quedo hoy a la noche y mañana a escucharlo.»
Sanz, que cuestionaba no el hecho sino la forma en que se instrumentaba el financiamiento, consiguió no quedar preso de la estrategia de Cristina y siguió en su ataque a la falta de legalidad de la medida.
No fue el radicalismo, de todas formas, el único crítico del proyecto: «Es un cheque en blanco que disminuye la calidad institucional que no permite, salvo en la ficción, el control de los fondos públicos», dijo el sanluiseño Adolfo Rodríguez Saá. El socialista santafesino Rubén Giustiniani siguió en esa línea: «A esta ley le falta nombre y apellido: Julio De Vido», cuestionó, algo que luego repitió el radical independiente Rodolfo Terragno que atacó constantemente el proyecto por inconstitucional.




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