E l próximo 6 de abril será clave para el futuro del contrato de concesión que tiene Aeropuertos Argentina 2000 para operar las terminales aéreas del país. Ese día, los equipos técnicos de la empresa y del gobierno se reunirán por primera vez para tratar de darle forma al acuerdo definitivo entre ambas partes, y que debería estar listo para junio a más tardar, si se quiere cumplir con el compromiso asumido con el Fondo Monetario Internacional.
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Hasta que esto ocurra, la relación empresa/Estado seguirá corriendo por los carriles actuales, para lo cual la semana que viene se firmará un «acuerdo transitorio» que no hará más que poner en el papel lo que viene sucediendo hasta ahora. La fecha para la primera reunión, curiosamente, fue informada ayer por gente del gobierno a sus pares de AA 2000, luego de que se informara de la inminencia del «acuerdo transitorio».
El contrato definitivo, como viene discutiéndose desde hace ya al menos dos años, deberá definir temas como plan de inversiones, canon anual que deberá pagar el concesionario al Estado, futuro del Aeroparque y extensión de la concesión, entre muchas otras. Respecto del plan de inversiones, la empresa aducirá que el mismo está al día en lo que hace a montos, pero del otro lado del mostrador les enrostraránque hay innegables atrasos en las obras. Y darán como ejemplos los de Ezeiza -donde la combinación del largo conflicto con Aerolíneas Argentinas más la crisis paralizó la construcción de la segunda terminal-y varios aeropuertos del interior (sobre todo la de Córdoba, donde está hecha toda la obra de soporte para la nueva terminal, pero falta terminarla, obra que debería haber sido entregada hace algunos meses).
En relación con el destino del Aeroparque, luego de los anuncios de obras de la semana anterior (adelantados por este diario), está claro que tanto el gobierno nacional como el municipal y la empresa coinciden en la decisión de dejarlo donde está.
De hecho, la semana pasada un ignoto grupo cuyo nombre se asemejaba al de la concesionaria emitió un comunicado contrario a la remodelación del Jorge Newbery, lo que de inmediato provocó un enfático contracomunicado de AA 2000 «despegándose» de esa posición y enfatizando que estaban de acuerdo con dejar el aeroparque donde está. Finalmente, la carta que jugarán los negociadores de AA 2000 para tratar de cerrar lo antes posible esta negociación es que el gobierno podrá sacarse de encima un conflicto, sin costo social ni impacto tarifario, al revés de lo que sucederá con la demás «utilities».
En tanto, Eduardo Eurnekian -principal accionista de AA 2000- está «en llamas» con la posibilidad de quedarse con la operación del aeropuerto de Ankara (la mítica Angora); hace 15 días, en el marco de su viaje a Italia para comprar 49% de la aerolínea Volare, se corrió a Turquía para manifestar al gobierno de ese país su voluntad de participar en la privatización de la principal terminal aérea de ese país.
Es que, además del valor económico que tiene para su grupo sumar un aeropuerto de primera línea en Europa, está el valor agregado de que sea un descendiente de armenios quien lo opere. Es que en 1915 el gobierno turco encabezado por Kemal Ata Turk masacró a cerca de 1,5 millón de armenios, lo que abrió desde entonces un profundo abismo entre ambos pueblos. Como se ve, ganar esa licitación sería una victoria no sólo económica para Eurnekian.
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