14 de diciembre 2001 - 00:00

Experiencia demuestra que se crece con déficit cero

Experiencia demuestra que se crece con déficit cero
Las experiencias internacionales demuestran, más allá de los debates académicos y filosóficos, que sólo el superávit fiscal permite alcanzar tasas de crecimiento altas y sostenidas. Cierto es que también se puede crecer mediante un alto gasto público, lo cual deriva en altos déficit fiscales. Pero también las mismas experiencias internacionales demuestran que en algún momento este crecimiento se agota y, sí o sí, hay que encarar las reformas tendientes a equilibrar las cuentas.

Los casos de Alemania, Australia, Inglaterra, Suecia, Irlanda, Nueva Zelanda, Canadá, España, Finlandia o Suiza pueden servir como herramienta de análisis para la Argentina, que hoy atraviesa una crisis muy parecida a la que todos estos países vivieron 10 años atrás. Una crisis económica, financiera, social y política de la cual salieron reduciendo el gasto, logrando el superávit y bajando la deuda.

Durante las décadas del '60 y '70, y parte de los '80, todos estos países crecieron a través de altos niveles de gastos públicos que se financiaban mediante la emisión de deuda pública. En Suecia, el gasto público llegó a explicar 70% de su PBI; en Irlanda, 50%; o en Nueva Zelanda y Chile, 60 por ciento.

Reformas

A principio de los '80, la deuda de estas naciones se ubicaba en niveles insostenibles, lo cual derivó en altas tasas de interés, y como estas tasas volvían improductivo al sector privado, se registraban niveles de caída del PBI en algunos casos pronunciados y persistentes.

Pero a fines de los '80 y comienzos de los '90 el modelo de crecimiento sustentado en el alto gasto público y el financiamiento externo se agotó (en algunos países, incluso, bastante tiempo antes), y todos estos países realizaron profundas reformas para revertir los déficit. Los resultados fueron sorprendentes: una vez implementadas las reformas tendientes a llegar al superávit, se restauró la confianza, las tasas de interés cayeron y el PBI no dejó de crecer a tasas promedio de 4 por ciento. Llegando incluso a alcanzar tasas de dos dígitos como en Chile a comienzos de los noventa o Irlanda a fines de los noventa.

Los superávit presupuestarios permitieron morigerar el peso de la deuda pública en el PBI y por ende el de los servicios financieros, lo que logró sostener el crecimiento en el tiempo
. Fue así como la mayoría de los países que lograron equilibrar sus cuentas fiscales, en el mejor de los casos, encaró procesos de recompra de deuda y, en otros, mantuvo bajo control el refinanciamiento de los compromisos.

De forma tal que redujeron la carga de la deuda sobre las cuentas fiscales y, por ende, sobre la economía.
Hoy están en proceso de reducir impuestos y usar parte del superávit en beneficios sociales.

Al analizar los procesos que lideraron estos países para ordenar sus presupuestos, la dinámica impuso un desafío que significó altos costos políticos y sociales.
Muy pocos escaparon a crisis sociales donde el desempleo trepó a niveles récord. Hubo fuertes ajustes fiscales, reformas tributarias, rebajas salariales, racionalización del sector público y otras reformas estructurales. En la mayoría de los casos debieron realizar un pacto político entre todos los sectores (empresariales, sindicales, gobierno y oposición) para llevar adelante las reformas. Pero el sacrificio de estas sociedades tuvo su premio en reencauzar la economía en la senda del crecimiento económico sostenido.

Variable

En este contexto fueron las exportaciones la variable macro que apuntaló la estrategia de crecimiento. Por ello no extraña al ver la estructura del PBI de estos países que en el peor de los casos, las ventas externas representen más de 26% del PBI como en Francia o en Inglaterra. Pero se ubican muy por encima de 30% promedio en España, Chile, Suiza, Nueva Zelanda y Alemania. Países como Suecia o Canadá muestran una participación de las exportaciones de más de 46% del PBI. Sin duda, Irlanda quiebra todos los promedios con más de 94% del PBI.

Todas estas experiencias sirven para analizar el caso argentino, donde el modelo de crecimiento en el cual el Estado mantiene altos e ineficientes niveles de gastos hace años les dijo basta. Y hoy requiere reformas urgentes para restablecer el crecimiento.

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