Que levante la mano Jerome Powell, el titular de la Fed, quien disparó cuatro subas de tasas de interés en 2018. ¿Es la misma persona que desfiló miércoles y jueves por el Congreso y negó cualquier recalentamiento en el mercado de trabajo ya que -para empezar- no observa allí registros de alta temperatura? Que los hay, los hay, pero no presión salarial. Los termómetros de última generación de la banca central, homologados después de la expansión cuantitativa, no encontrarán calor hasta que salga humo. ¿Y por qué entonces la sucesión tenaz de alzas del año pasado? ¿El Powell intransigente que Trump castiga en sus tuits guarda alguna relación de parentesco? El jefe de la Fed era un halcón. Y así lo retrata la ira presidencial una y otra vez. Sin embargo, fue una cándida paloma en su paso entre los legisladores. Y lo será en la próxima reunión (del 30 y 31). En junio no le franqueó el acceso a una merma de tasas (a pesar de las mociones de James Bullard -que se contentaba con una poda de un cuarto de punto- y de Neel Kashkari, quien abogó -sin tener voto- por una estocada solitaria de medio punto). ¿Cuánto cambió en un mes? Después del robusto informe de empleo -que dio cuenta de la creación de 240 mil puestos netos de trabajo (50% más de lo esperado)- Powell pareció ansioso por asegurar a quien quisiera escucharlo que el recorte de tasas no se suspende por buen tiempo.
Powell, convertido en paloma, le da alas a nuevos récords
Después del robusto informe de empleo, el presidente de la Fed pareció ansioso por asegurar a quien quisiera escucharlo que el recorte de tasas no se suspende por buen tiempo.
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El mantra oficial no se modificó. La economía está bien. La sobrevuelan, eso sí, nubarrones más espesos. ¿O no es así? Sostiene Powell que las disputas de política comercial y la desaceleración del crecimiento global son adversidades al acecho, y que la Fed actuará conforme sea necesario. Es el guiño cifrado a la poda de tasas. Conviene recordar que la Cumbre del G-20 se realizó después de que el mítin del banco central, y la tregua comercial entre Trump y Xi Jinping se pactó recién entonces. Por lo visto, tampoco la Fed le ve chapa para cerrar el conflicto y despejar la incertidumbre. En diciembre último, la economía mundial andaba a los tumbos y la Fed de Powel no trepidó en subir las tasas. El citado Bullard (Fed de St. Louis) reconoció esta semana que ese aumento estuvo de más. Quedó claro que Powell ya aceptó la conveniencia de retirarlo. No porque la economía de EE. UU. esté mal sino para que no vaya a estarlo. El ciclo expansivo cumplió 121 meses de duración. Y es el más prolongado en la historia. Larga vida al ciclo (y para ello, dado que los avatares de las Trumponomics no descansan, la política monetaria se relajará en el margen). Cuando todo realmente estaba bien, no nos engañemos, la Fed no cesaba de aumentar las tasas, pero 2,25%-2,50% -créase o no- es una cúpula pesada que se nos viene encima.
En un par de semanas, ¿nos espera una disminución de un cuarto de punto? ¿O quizás de medio? Tan calmo lució Powell que la alternativa de una doble porción cotiza con 22% de probabilidad de ocurrencia. Aunque Bullard, quien quería un cuarto de punto en junio, considera que medio sería demasiado. ¿Y habrá más bajas en lo que resta del año como creen los mercados, o un único tijeretazo como indica el mapa de puntos? Powell dejó el tema abierto. Más pasto para alimentar la imaginación.
¿Qué procura la Fed? ¿Nuevos tuits de Trump congratulándose por los récords de la Bolsa? El Dow, el S&P500 y el Nasdaq clavaron máximos flamantes. Pero, no. Lo que busca es cerrarle los caminos a una recesión. Y para rastrear su éxito hay que seguir a los bonos. Si uno supone que la Fed dio en el blanco, queda muy clara la fuente de su preocupación central. La inversión de la curva. El modelo probit de la Fed de Nueva York cerró junio con un pronóstico del 32% de chances de recesión a un año vista. El discurso de Powell empinó la curva como no sucedía desde 2016. Tanto que la pendiente de 10 años a 3 meses se aplanó. Por fin sugiere -en línea con la Bolsa- que la expansión puede continuar. Desde ya, la pendiente de la curva anticipa el ciclo, pero no lo causa o moviliza. Sin embargo, como la mujer del César, un horizonte de crecimiento no sólo tiene que ser sino además parecer. La Fed salió a enderezar las expectativas. Es tu amiga, dijo tácitamente Powell. Socia y amiga, porque si el juguete se rompe, quién sabe cómo hará para arreglarlo.




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