Déficit 2021: ¿Guzmán mostró carta para negociar o cedió a la política?

Economía

Se han generado incógnitas alrededor de la meta presupuestaria del próximo año sobre el rumbo económico. Lo alentador es la mejora fiscal y la reciente menor asistencia del BCRA.

El anuncio que hizo el ministro Guzmán sobre el déficit fiscal proyectado en el Presupuesto del próximo año, en torno al 4,5% del PBI, pareciera ser más otra táctica de la particular estrategia negociadora del titular de Economía que una meta en sí misma. El dato no sólo obligó a los economistas a recalcular escenarios posibles para 2021, incluso generando cierta desilusión entre aquellos que esperaban ver una trayectoria más pronunciada hacia el equilibro fiscal, sino también a tejer especulaciones sobre cuál es el plan detrás. Cuando todavía resta transitar el último cuatrimestre del año, con las mismas incertidumbres que imperan desde marzo pasado, el consenso estima que 2020 cerraría con un déficit fiscal no menor al 7% del PBI. De modo que ese sería el punto de partida para enhebrar el camino en pos de ir emprolijando las cuentas fiscales. Ahora, si bien el punto de partida provoca escalofríos, no debe soslayarse que de esos 7 puntos del PBI hay un gran componente de gasto público vinculado a la pandemia. De modo que en la medida en que los estabilizadores automáticos empiecen a actuar las necesidades de financiamiento se irán reduciendo. Los últimos números fiscales ya han mostrado cierta mejora. Dado que por el solo hecho de ir flexibilizando o reabriendo actividades la recaudación empieza a mejorar de la mano del crecimiento y a medida que el nivel de actividad aumenta se van requiriendo menos gastos especiales (IFE, ATP, etc.).

El dato del “4,5%” reflejaría la idea de ir por el camino gradualista, como en 2016, pero puede ser, en realidad, prenda de negociación con el FMI. De ahí que se especule con que haya un margen de 1% para negociar, quizás, en la medida en que el organismo comprometa algún aporte adicional. Claro que esto implicaría, seguramente, hablar de reformas estructurales. Pero eso puede maquillarse con alguno que otro cambio, nada trascendente como lo visto en los 90. De todos modos, ese margen de 1% está vinculado con estimaciones privadas, e incluso digerible por el FMI, en cuanto a que un déficit en torno al 3,5% del PBI en 2021 no debiera desatar ningún episodio disruptivo, más aún en pleno año electoral. Al respecto, algunos allegados al Palacio de Hacienda comentan que el equipo económico tenía la idea de ir pautar un déficit del 1,5% en el Presupuesto 2021, que luego elevó a más del 2% por presiones políticas, y que finalmente terminó en el número del 4,5% por directrices del Instituto Patria. De ser así, no sorprendería porque, tras otro año recesivo que encima le cayó la crisis sanitaria, pensar tanto en un ajuste “machazo” hacia el equilibrio fiscal o cercano a este no guarda relación con un año de elecciones, encima claves con miras a 2023.

Claro que ese punto del PBI a negociar implica necesidades de financiamiento cercanas al medio billón de pesos. Por ello se abren, en resumen, tres escenarios de cara a sentarse con el FMI. Por un lado, Guzmán mostró la carta del 4,5% pensando en negociar una meta del 3,5%, lo que sería el caso ideal. Otro, sería que el Fondo convalide ese 4,5% y financie ese punto adicional. Mientras que el caso extremo sería mantener ese 4,5% y no cerrar ningún acuerdo con el Fondo, un escenario por demás complicado. Pero al fin y al cabo la variable que termina por torcer el rumbo, sea cual sea la magnitud del ajuste fiscal del 2021, es la confianza que genere en el sector privado.

Por ello los datos de julio y agosto inyectaron cierto alivio. Las cuentas fiscales mostraron una mejora, sobre todo de la recaudación. Ello permitió al BCRA reducir drásticamente la asistencia al Tesoro. Claro que también hubo una colocación de deuda interna por encima de los vencimientos, lo que dio aire al fisco y al ente monetario.

Fue así que en agosto el BCRA, como este diario vino señalando, “prendió” la aspiradora y contrajo la base monetaria en $141.675 millones. Esto se explica por las ventas netas de divisas al sector privado ($93.656 millones) y al sector público ($41.000 millones) y las colocaciones de Leliq por $178.860 millones. Mientras que los factores expansivos fueron el sector público en $40.000 millones por Adelantos Transitorios y $61.119 millones de cancelaciones de depósitos oficiales en el BCRA. Los otros factores que fueron expansivos fueron los Pases ($14.345 millones) y el pago de intereses ($58.225 millones). De esta manera el BCRA puede ir absorbiendo parte de la liquidez excedente restando presiones inflacionarias y cambiarias.

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