Advierten que receta del FMI para países pobres se contradice con políticas adoptadas por países ricos

Economía

Un informe remarcó que la pandemia está incrementando la desigualdad entre países al golpear con mayor intensidad a la clase media/baja de países emergentes en comparación con los sectores vulnerables de países desarrollados.

Un informe conjunto de Proyecto Económico y el Ocipex sobre “los efectos de la crisis en la clase media y el mundo emergente”, remarcó que la pandemia está incrementando la desigualdad entre países al golpear con mayor intensidad a la clase media/baja de países emergentes en comparación con los sectores vulnerables de países desarrollados.

Paralelamente, el trabajo sostuvo que las medidas de las naciones más ricas para sostener a las personas de menores ingresos se contradicen con las políticas que el Fondo Monetario Internacional (FMI) le impone a las más pobres.

El trabajo realizado por la economista y diputada nacional, Fernanda Vallejos en coautoría con Sofía de Nícolo, enfatizó sobre el aumento de la pobreza generada por el Covid-19, que se dio "como consecuencia del impacto de la crisis sobre los sectores medios, trabajadores asalariados, profesionales, cuentapropistas, como pequeñas y medianas empresas”.

En ese sentido, hizo referencia a un estudio reciente del Pew Research Center, según el cual “más de 150 millones de personas dejaron de ser parte de la denominada clase media durante el 2020, lo que significa la caída más grande en las últimas tres décadas”.

"El panorama económico mundial actual permite concluir que la pandemia está afectando más a los países emergentes, particularmente los del sudeste asiático (exceptuando China) y América Latina y a los sectores de ingresos medios, una característica que diferencia a la crisis económica actual de la acontecida en el 2008, donde el impacto fue generalizado, pero las economías emergentes lograron recuperarse más rápidamente”, sostuvieron las autoras.

Vallejos y De Nícoli reflejaron las políticas contracíclicas que tomaron las principales potencias "para contener el empleo y repatriar inversiones que anteriormente se habían deslocalizado”. A modo de ejemplo, señalaron como el presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, anunció que invertiría este año u$s1,9 billones en medidas para reactivar el país.

Como contracara, el informe subrayó que, a pesar del nuevo discurso del FMI en línea con hacer que las deudas de los países sean más sostenibles, el organismo sigue firme en sus exigencias de mayores ajustes a la hora de dar sus préstamos.

“Paradójicamente, sus principales accionistas, los países desarrollados del G7, no dudan en expandir el gasto hasta donde sea necesario. Esta doble vara mundial no es nueva, pero se hace más visible en un contexto donde la injusticia se acrecienta”, puntualizó el trabajo.

“El aparente “lado bueno” y “comprensivo” del FMI surgido durante la pandemia, no primó sobre los conocidos programas de ajustes estructurales que viene aplicando el organismo hace décadas”, alertan y remiten al caso de Colombia de Iván Duque, que con la excusa de la “progresividad y la necesidad de incrementar la recaudación se aumentaron las cargas impositivas sobre los sectores medios y bajos, ya fuertemente dañados por los efectos de la pandemia”, criticó.

Por último, Vallejos-De Nícoli tomaron la postura de la Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y Desarrollo (UNCTAD) para reafirmar que “sin audacia en las propuestas no va a ser posible un verdadero cambio”.

Desde la UNCTAD advierten sobre la necesidad de hacer crecer los salarios en los empleos peor retribuidos, de aumentar la recaudación fiscal mediante el aumento de salarios y un incremento en los impuestos a los más ricos, de “expandir el gasto orientado a la inversión, cuidando el equilibrio entre sus componentes monetario y fiscal, hasta que se recupere el sector privado” y de establecer "moratorias a los servicios de deuda (mucho más amplias que las establecidas por el G20)", entre otras cuestiones.

En el largo plazo, ponen el acento en que “debería crearse una autoridad mundial de la deuda soberana, que fuese independiente, tanto de los intereses de los acreedores como de los deudores (institucionales o privados), con el fin de solventar las múltiples deficiencias en la actual gestión de las reestructuraciones de deuda soberana”.

Para Vallejos-De Nícoli los planteos de este organismo en materia de deuda “marcan una hoja de ruta con la cual se puede empezar a debatir la reconstrucción que será necesaria durante y después de la guerra que se está librando contra este enemigo invisible: el Covid-19”.

“No sólo es necesario reducir la pobreza, sino acrecentar las clases medias, y eso implica crear y redistribuir riqueza, resaltando la importancia de incorporar la perspectiva de género y de la sostenibilidad ambiental en los nuevos modelos de desarrollo", sentenciaron.

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