Una curiosa alianza fue la que terminó de cerrar la semana pasada la negociación entre Argentina y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Martín Guzmán y Julie Kozac se pusieron entre el miércoles y el jueves la discusión al hombro, y de manera bilateral, y casi sin intermediarios cerraron los números fiscales del primer paso concreto para la Carta de Intención del Facilidades Extendidas que el país y el organismo continúan discutiendo en estas horas.
Guzmán-Kozac, la alianza renovada que destrabó el entendimiento fiscal con el Fondo
El ministro de Economía y la subdirectora para el Hemisferio Occidental del Fondo tomaron conciencia que debían llegar a un acuerdo antes del pago de los u$s731 millones del viernes pasado. El argentino y la norteamericana se comprometieron a trabajar a destajo y de manera directa, para cerrar lo que era una decisión política de sus jefes directos.
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El ministro de Economía y la subdirectora para el Hemisferio Occidental del Fondo tomaron conciencia que debían llegar a un acuerdo antes del pago de los u$s731 millones del viernes pasado. El argentino y la norteamericana se comprometieron a trabajar a destajo y de manera directa, para cerrar lo que era una decisión política de sus jefes directos. Tanto Alberto Fernández como Kristalina Georgieva les habían comunicado a ambos que debían cerrar el mejor acuerdo posible (mirado desde cada una de las partes) y que este debía anunciarse antes del vencimiento del viernes. Tanto el Presidente como la titular del Fondo entendieron que el default era el peor escenario para las dos partes; y que debía hacerse un anuncio importante y urgente para demostrar que las negociaciones por el Facilidades Extendidas avanzaban y que en el horizonte la Carta de Intención era una realidad posible.
Guzmán y Kozac comprendieron que el capítulo fiscal era el alma del acuerdo y que anunciar una fumata en este terreno provocaría los resultados buscados de tranquilidad para ambas partes; con lo que se juramentaron 48 horas de negociaciones frenéticas y directas para cerrar las metas fiscales hacia el 2025; condición fundamental para que los accionistas principales del FMI acepten cualquier sendero serio hacia el éxito final. Fue así que Guzmán y Kozac avanzaron entre el miércoles y el jueves de la semana pasada en la discusión técnica final, que derivó en los anuncios del viernes. Y, lo más importante, ambos entienden que hay capítulos abiertos importantes por cerrar para un final feliz que derive en el acuerdo definitivo; y se comprometieron a utilizar el mismo mecanismo para cerrar cifras y porcentajes: esto, discutir a satélite y pantallas abierto cara a cara, y sólo consultar a autoridades directas como Alberto Fernández y, en el caso de la norteamericana, con su colega de nacionalidad Gita Gopinath.
La novedad negociadora es un cambio positivo para las partes. Especialmente teniendo en cuenta que, la relación entre ambos se había enfriado y complicado, por el endurecimiento de la posición de Kozac en las negociaciones con Argentina. En Buenos Aires esto se percibió luego de la cumbre de casi un día que Guzmán y el delegado local ante el FMI, Sergio Chodos, mantuvieron el primero de diciembre de 2020 en Roma (un día después del cierre de la cumbre del G-20 en esa ciudad); con Kozac y su jefe en esos momentos, el norteamericano William Seiji Okamoto, por entonces número dos del organismo. En ese encuentro romano, los dos representantes del Fondo mostraron un endurecimiento de la posición y le dejaron en claro a los funcionarios argentinos que pedirían severidad fiscal, monetaria, cambiaria y macroeconómica al país para avanzar en un Facilidades Extendidas.
La misma actitud se mantuvo de parte de Kozac durante las discusiones de noviembre y diciembre, hasta el cierre del ejercicio 2021 cuando los funcionarios de Washington comenzaron su cierre anual debido a las fiestas de fin de año. La posición crítica continuó en los primeros escarceos de 2022. Sin embargo se notó desde el martes pasado un cambio de actitud del lado de Kozac, ante la evidente orden superior de avanzar en un acuerdo final. Fue inamovible la actitud de cerrar la meta de equilibrio fiscal para el 2025; pero en lo demás (en el diseño del sendero hasta el objetivo), mostró comprensión y cierta permeabilidad, fundamentalmente a lo que suceda este año y el próximo.
Kozac se acercó así a lo que desde Buenos Aires se percibía desde mediados del año pasado, cuando la economista norteamericana asumió la conducción del caso argentino, junto con el venezolano Luis Cubeddu. En ese tiempo se trataba de una gran esperanza de comprensión; ya que mientras actuaba secundando al mexicano Alejandro Werner (exdirector gerente para le Hemisferio Occidental), había mostrado cierta sintonía y comprensión con los funcionarios argentinos. Desde el bando argentino se percibe el retorno a aquellos días de buen dialogo como una buena noticia. No es para menos. Al menos por largo tiempo el destino, y el éxito de Kozac, estará unido a lo que suceda con las negociaciones primero y la ejecución del Facilidades Extendidas después. Hay una buena señal. En su curriculum Kozac muestra con orgullo y como una cucarda que actualmente trabaja en la misión sobre Argentina, luego de haber trabajado en el departamento europeo. Menciona que fue delegada en Alemania, para luego trabajar en los acuerdos con Polonia, Islandia, Lituania y, fundamentalmente, en Rusia; país sobre el que particularmente escribió varios trabajos de investigación. Pero remarca que ahora está concentrada en la situación Argentina, demostrando, al menos a los ojos de los funcionarios argentinos cierta comprensión sobre la situación económica local y poca voluntad de exigirle al país ajustes políticamente utópicos de aplicar. O que al menos no padece el trabajar sobre el siempre complicado caso argentino.




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