Macri ya se pasea por Punta del Este con su nuevo juguete: la 4x4 marca Tiggo, producto del joint-venture Cherry Socma, en la que se asoció con la automotriz china Cherry, la mayor de ese mercado. Además, dos ejemplares del vehículo que se fabricará en Uruguay se exhiben desde principios de enero en la playa Bikini, en la zona de Manantiales y a un par de cuadras de la casa que todos los veranos ocupa Macri en el complejo Terrazas, que él mismo edificó en los 80.
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Seguramente este escenario le recuerda viejos y más gratos tiempos al empresario ítalo-argentino: hasta hace una década el balneario se llamaba Bikini Uno, justamente para promocionar el modelo Fiat Uno que su controlada Sevel ensamblaba en su planta de Villa Bosch.
Hacia fines de la década del 90 (más precisamente en 1997) tanto Fiat como Peugeot recuperaron las licencias para el uso de sus marcas en la Argentina, y Macri dejó de ser un empresario automotor. El Tiggo parece ser entonces su regreso a épocas más felices en uno de los lugares del mundo que más quiere.
El SUV (por sus iniciales en inglés) de Cherry que se está testeando en Punta del Este en el semiabandonado aeródromo de El Jagüel fue ensamblado en la planta que tenía Sevel en las afueras de Montevideo; se hará en versión naftera con motor 2.0 y también con motorización diésel. Los que se prueban en el balneario oriental son los primeros vehículos de origen chino armados fuera de ese país.
Quienes hayan quedado satisfechos con el «test-drive» y quieran comprarse un Tiggo deberán aguardar al menos hasta fin de año, que es la fecha prevista para su salida al mercado. La meta de Cherry Socma es vender unos 25.000 vehículos durante 2009, todos ellos ensambladosen Uruguay. Si las cosas andan como esperan Macri y sus socios chinos, en una segunda etapa se rehabilitaría la planta de Villa Bosch para llevar la producción hasta las 100.000 unidades anuales.
Macri, cabe recordarlo, se desprendió de casi todas sus empresas tanto en la Argentina como en Brasil después de su traumática salida del Correo Argentino y de operaciones no del todo felices en otros rubros. La totalidad de su negocio de construccióny desarrollos inmobiliarios-se la transfirió a su sobrino-Angelo Calcaterra, que a su vez se asoció por mitades con el grupo italiano Ghella. Al frente de la «SOCMA residual» (una sombra de lo que fuera uno de los grupos económicos más poderosos de la Argentina) quedó Leonardo Maffioli, uno de los hombres de mayor confianza de Franco. Sus tres hijos varones, en tanto, eligieron otros caminos.
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