«No va a ser el Erman González de Adolfo Rodríguez Saá.» Esta fue la primera frase que un colaborador de Rodolfo Frigeri hizo a este diario sobre el flamante secretario de Hacienda. En el nuevo esquema del gabinete nacional del gobierno cumplirá las funciones esenciales que desempeñaba Domingo Cavallo, aunque su cartera no se llame Ministerio de Economía, estructura que ya pasó a desguace dentro de la Jefatura de Gabinete.
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Los primeros actos de Frigeri serán la explicación de los alcances de la suspensión de los pagos de la deuda externa, la creación y administración de la tercera moneda con la inyección gradual al mercado de no más de 4.000 millones de pesos, el sostenimiento de la convertibilidad, la flexibilización del «corralito» con la posibilidad de extraer la totalidad del dinero depositado en las cuentas salario y la implementación de una eventual reforma impositiva en el mediano plazo. Fuera de esto, promete Frigeri que «no habrá sorpresas» y que «no hay plata para nada», según las únicas palabras que pronunció ayer en público antes de asumir.
Para cumplir con estas «ideas fuerza», Frigeri terminará esta tarde de delinear su propio equipo económico para completar esencialmente tres subsecretarías que hasta hace horas eran secretarías: Hacienda, Finanzas e Ingresos Públicos. Su instalación definitiva en el quinto piso del Ministerio de Economía, donde Domingo Cavallo ya dejó despejado el escritorio, será hoy a las 15; y a partir de allí se conocerán los colaboradores.
Mientras tanto, Frigeri juró ayer a la mañana en la Casa de Gobierno y luego utilizó un permiso especial otorgado por Rodríguez Saá para atender algunos problemas personales.
No es la primera vez que Frigeri desembarca en la Secretaría de Hacienda. En 1975, llegó a ese cargo durante el gobierno de Isabel Martínez de Perón. Además, tuvo la misma función en el primer equipo económico de Carlos Menem, con Miguel Roig primero y Néstor Rapanelli después. Fue ministro de Economía de la provincia de Buenos Aires entre 1987 y 1989, durante la gobernación de Antonio Cafiero. Abandonó el gobierno nacional de Carlos Menem por serias diferencias con Rapanelli, y aseguró a sus íntimos que el plan Bunge y Born terminaría en una nueva hiperinflación. Pasó así a asesorar al entonces vicepresidente Eduardo Duhalde y a preparar parte del plan económico que se llevaría adelante desde el '85 en la provincia de Buenos Aires. En el Banco Provincia comienza la carrera más conocida del nuevo secretario de Hacienda. Desde la entidad financiera bonaerense fue el impulsor de la expansión de la entidad a un Grupo Provincia, que abarcaba parte de la AFJP Orígenes, una ART y filiales de seguros y viajes. En 1986, tuvo un público enfrentamiento contra Eduardo Escasany por la idea del titular del Banco Galicia de privatizar el Banco Provincia o que éste pase a pagar impuestos como el resto de las entidades. Frigeri desempolvó el criterio de que el Provincia es una creación anterior a la Nación misma por el Pacto de San José de Flores de 1859, con lo cual sólo podría privatizarse con una decisión de la gobernación de Buenos Aires.
El conflicto llevó a Frigeri a hablar en un acto público en Tandil en setiembre del '86, donde hizo una defensa abierta de un Provincia no privado y, a partir de allí, comenzó a perfilarse como economista con cierto roce político. Así llegó a integrar la lista de diputados del PJ en 1987, en tercer lugar después de Hilda Chiche Duhalde y Jorge Remes Lenicov. Durante la campaña del '89, a Frigeri se lo mencionaba como potencial ministro de la Producción en un eventual gobierno duhaldista.
A principios de los '80, fue asesor del entonces flamante gobernador puntano Adolfo Rodríguez Saá. Precisamente en estos años se ocupó de instrumentar una política que a la larga sería el trampolín del ahora presidente de la Nación: Frigeri fue el encargado de redactar los primeros decretos de promoción industrial. Esa letra, fundamentalmente en el caso de los controles impositivos de la aplicación de los subsidios, aún es el decreto que regula el régimen puntano y que, según la mayoría de los analistas, es el único sistema de promoción industrial que puede mostrar algún resultado más o menos exitoso a lo largo del tiempo.
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