Quizás el de ayer haya sido el punto más alto de la confrontación entre las empresas privatizadas y el gobierno. Tanto que, para cerrar la pelea, Néstor Kirchner denunció que «quieren resquebrajarnos y cubrir con aumentos de tarifas las inversiones que no hacen desde 1998». Agregó más leña al fuego con sus declaraciones, en respuesta a lo ya conocido de Edenor y Edesur (también de Aguas Argentinas). Se sumó con similar virulencia un representante de Transener, Silvio Resnich, quien con tono popular dijo que «el gobierno está haciendo 'fulbito' para la tribuna» al tiempo que añadía: «Si el gobierno y sus ministros no saben, a pesar de tener los antecedentes, mejor que no digan tonterías». Sólo faltaba la aplicación de multas, lo que llegó ayer: $ 1.344.000 para Aguas por el corte de suministro del domingo. Además, se iniciaron acciones judiciales para ejecutar multas impagas anteriores por $ 7,65 millones a Edesur, Edenor y Edelap. En apariencia, guerra total.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Sólo en apariencia. Ayer, Kirchner se abocó a estos entredichos todo el día, en comunicación con su ministro Julio De Vido. En el otro frente, los ejecutivos de las empresas pedían consejo a sus casas matrices, alarmados también por la dinámica que había tomado el conflicto. Aparecen ya algunos árbitros y mediadores, mientras en cada campo se tejen argumentos y también algunas fantasías conspirativas.
En el gobierno confiesan no entender la agresividad de las empresas.
Aducen que el Presidente dialogó ya con todos los interesados en revisar las tarifas y que se comprometió a que haya un examen general sobre los contratos. Pidió -dicen- que no lo presionaran con medidas de acción directa, pero ahora cree que existen cortes deliberados en la prestación de los servicios. Kirchner y los suyos están también irritados por alguna campaña de prensa: acusan a una empresa que llevó a periodistas de viaje por Europa para explicar durante el paseo el conflicto con el gobierno.
Desde el lado de las empresas, también hay reproches. Recuerdan que Roberto Lavagna se comprometió a ajustar las tarifas y nadie se hace cargo de esa promesa. Los ejecutivos se quejan de que se cansaron de mendigar sin conseguir jamás una respuesta clara. Los franceses son los más irritados en este aspecto. Y hasta tienen la sospecha, seguramente exagerada, de que en la reticencia del gobierno por recomponer los ingresos de las empresas hay una estrategia deliberada para que la titularidad de las concesiones cambie de manos y pase a compañías estadounidenses. O a dueños locales. Mientras tanto, explican que los cortes de luz se produjeron por accidente o, en algún caso (el de un cable que tocó un arbol sin podar en la Costanera porteña) por negligencia.
Lo cierto, para el final: es evidente que ya en noviembre de 2001, antes de la devaluación, se verificaba una caída importante en la inversión. Tampoco la hubo durante la recuperación de la actividad. El mantenimiento es muy precario y hasta se suspendió la relación con algunos contratistas.
• Saturación
En materia de prevención se hace poco y nada y las inversiones tal vez sean ahora tardías: no habrá más energía con rapidez y, si se mantiene el ritmo de recuperación de la actividad económica, es posible que haya un problema de saturación del parque eléctrico. ¿Podría repetir la Argentina la crisis brasileña de hace dos años, cuando se impuso un plan de restricción en el consumo de electricidad severísimo? Un punto porcentual de la caída del PBI de Brasil se podría adjudicar a ese «apagón».
Tampoco habría que suponer motivaciones políticas en el conflicto. Las empresas afectadas son de nacionalidades muy diversas: las hay europeas, norteamericanas pero también de países vecinos, como Petrobras, del Estado brasileño y propietaria de 50% de Edesur, por citar un caso.
Dejá tu comentario