A pesar de lo que pueda parecer, en tiempos como los actuales, es muy fácil ganar dinero: sólo hay que apostar por la volatilidad. El problema es encontrar la contraparte que esté dispuesta a hacerse cargo de lo que serían nuestras ganancias. Tal vez, esto, mejor que nada, es la demostración de la poca firmeza que tienen las creencias de los inversores en este momento, quienes una vez más se muestran totalmente contrarios a poner su dinero donde "ponen la boca". En realidad, no importa demasiado si el desplome que tuvo ayer el Dow cayendo 3,61% para cerrar en 8.214,68 puntos (la mayor baja en lo que va de 2003) fue consecuencia de las malas noticias que trajo la contienda en el Golfo durante el fin de semana o de una realidad económica y empresarial que ya venía mal y cuyo horizonte es tanto o más negro que el de Bagdad en estos momentos. De hecho, en las próximas horas (o días), el animo de los inversores puede dar un violento giro de 180 grados volando hacia alturas desconocidas o desbarrancarse mucho más de lo que hizo ayer, por el más disparatado de los rumores o por una realidad aplastante. El modelo matemático del "caos" sugiere que algo tan nimio como "el aleteo de una mariposa" en Oriente es capaz de desencadenar un gigantesco huracán sobre el golfo (de México). Puede que así sea (o que no), pero que vivimos tiempos caóticos es algo que nadie puede negar, porque lo mejor tal vez sea actuar en consecuencia. Si bien la baja de ayer fue definida por muchos como un "baño de realismo", lo más inquietante es que el mercado está comenzando a considerar, no que la guerra se prolongue en el tiempo, sino la posibilidad de que, aun cuando se gane la guerra contra Irak, tal vez se pierda la paz.
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