El nudo de las zapatillas de Gatic está a punto de desatarse: el lunes, los tres bancos oficiales que son sus principales acreedores firmarían el convenio por el cual se alquilarán cinco de sus plantas fabriles a un grupo encabezado por Guillermo Gotelli, con lo cual cerca de 3.000 trabajadores (sobre un total de unos 4.000 que tenía la empresa) volverán a fabricar zapatos y prendas deportivas.
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Quienes tienen que rubricar el acuerdo homologado por el juez comercial Juan Gutiérrez Cabello son el Banco Nación, el Ciudad y el fideicomiso que armó Eduardo Duhalde para «limpiar» los pasivos incobrables que dejó la anterior conducción del Banco Provincia. En suma tienen unos $ 150 millones del total de $ 400 millones que constituyen el pasivo concursal de la textil. De confirmarse la versión sobre la firma del convenio el lunes, el grupo de Gotelli se haría cargo al día siguiente y comenzarían a producir en pocas semanas. Sucede que la ausencia de Gatic está provocando un déficit de unos cuatro millones de pares de zapatos anuales, lo que obviamente debe ser suplido con lo que se ha dado en llamar «la invasión brasileña».
Las plantas que tomarán Gotelli y sus socios, por las que pagarán un canon anual de $ 12 millones -más un porcentaje creciente de acuerdo con la producción-son las de Pigüé, Coronel Suárez, Pilar, Corrientes y Las Flores. La premura por cerrar el acuerdo, hay que decirlo, se aceleró ante la acción de un grupo radicalizado especializado en el «recupero» de empresas en problemas que intentó pedir la quiebra de Gatic y conformar una cooperativa para explotar Pigüé, sin dudas una de las más atractivas del paquete. Sucede que allí se fabrica un tipo de cuero sintético que no se hace en toda Sudamérica (sólo hay plantas similares en Lejano Oriente), y fue una de las últimas grandes inversiones realizadas en Gatic por la familia Bakchellian, fundadora de la empresa.
De hecho, activistas de ese grupo concurrieron el martes al juzgado de Gutiérrez Cabello para intentar « apretar» al magistrado, que habría ordenado su desalojo con la fuerza pública. En la industria -aún entre quienes no ven con buenos ojos que Gotelli tome las fábricas de Gatic y los términos del convenio con los acreedores-hay coincidencia en que sería casi una tragedia abandonar esa planta en manos de una cooperativa. «Va a pasar como con la de Brukman, que los que la 'recuperaron' usaron la materia prima que encontraron adentro y después ya no hicieron más nada. ¿Quién les va a abrir líneas de crédito para importar las tintas o las materias primas que hacen falta para que funcione? Sería una lástima...», dijo ayer a este diario un industrial del sector.
De todos modos, esa posibilidad quedó casi descartada en la tarde de ayer. En cambio, se confirmaría que la fábrica de San Martín --donde también funcionaba la administración de Gatic-podría quedar en manos de una cooperativa inspirada por el mismo sector. Allí ingresaron hace algunos meses unos 150 ex empleados de la firma, que produjeron (igual que en el caso Brukman) con lo que encontraron adentro, lo que les duró alrededor de un mes y medio. Hoy la fábrica está prácticamente inactiva, y corre peligro de que las empresas de servicios le corten el suministro por falta de pago.
• Solución pendiente
Quedaría por resolver qué pasa con las dos plantas que tiene Gatic en La Rioja; la empresa y el gobierno riojano firmaron en enero un compromiso de buscar la mejor alternativa para las mismas. En algún momento se planteó la posibilidad de que las tomara -junto con parte del personal, capacitado en el rubro calzado-Puma, de la familia Devecyan. Luego, fuentes cercanas a esa empresa admitieron que tenían ganas de incorporar a esa gente, pero que preferían construir una planta desde cero, que les saldría más barata que comprar las de Gatic. Hoy la cuestión está en una impasse porque no han aparecido nuevos interesados y los Devecyan no han hecho ni lo uno ni lo otro. S.D.
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