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14 de abril 2008 - 00:00

Giro del FMI: pide a países que rescaten a los bancos

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Guido Mantega
Washington (EFE) - La crisis financiera está causando tantos sudores al FMI, el adalid del libre mercado en las últimas décadas, que el organismo pidió a los gobiernos que consideren posibles operaciones de rescate de bancos con dinero público.

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Así se lo comunicó a los ministros de Economía de los 185 países miembros en la asamblea semestral que realiza con el Banco Mundial, que culminó ayer en Washington. Sin embargo, ninguno le tomó la palabra en público.

El FMI considera la inyección de fondos públicos en bancos con problemas, como ocurrió con Bear Stearns, e incluso la intervención directa en el mercado inmobiliario de Estados Unidos como «una tercera línea de defensa» ante la crisis.

La primera es una baja de los intereses en los países desarrollados y la segunda, una expansión fiscal para estimular la economía.

Esos consejos contrastan con los que dio a los países asiáticos durante la crisis de 1997, cuando les recomendó reducir el gasto, pese a que tenían unas cuentas saneadas, lo que -según muchos expertos-agudizó los problemas. Es un cambio que no pasó inadvertido para algunos de sus críticos.

«Ha habido un cambio de filosofía del Fondo Monetario frente a la crisis. En vez de hacer las propuestas ortodoxas del pasado, que agravaban la recesión traída por la crisis, ha propuesto medidas anticíclicas», sostuvo en la sede del organismo el ministro de Hacienda de Brasil, Guido Mantega. Y agregó: «El FMI resucitó a Keynes».

El economista británico John Maynard Keynes fue, junto con el secretario adjunto del Tesoro de EE.UU., Harry Dexter White, la mente que concibió el FMI a finales de la Segunda Guerra Mundial.

Tras la experiencia de los años oscuros de la Gran Depresión, Keynes creía que la mano invisible del mercado no coloca siempre a la economía en su punto de equilibrio, como mantenía la teoría clásica, y que en las recesiones hay que darle un empujón.

Pero sus ideas perdieron lustre con el paso del siglo y el FMI también se convirtió en una institución más conservadora, obsesionada con la inflación y el gasto fiscal. Por eso, el cambio durante esta crisis en sus consejos a los países ricos hace a los periodistas revisar las grabaciones de las ruedas de prensa para comprobar que han oído bien.

En política monetaria, por ejemplo, el economista jefe del FMI, Simon Johnson, indicó el jueves que el Banco Central Europeo (BCE) tiene «algún espacio» para bajar las tasas, pese a que la inflación supera su umbral de comodidad.

Al día siguiente, el BCE dejó los intereses sin cambios y su presidente, Jean-Claude Trichet, dio a entender que seguirán así en el futuro próximo.

El Fondo también aconsejó el aumento del gasto público -la segunda línea de defensa-a las naciones que gocen de buenas cuentas y no estén amenazadas por la inflación.

Pero incluso España, con una tasa interanual de aumento de precios de 4,5% en marzo, la mayor desde 1995, hace bien en aplicar medidas de expansión fiscal, según el organismo.

En cambio, el comisario de Economía de la Comisión Europea, Joaquín Almunia, afirmó en la asamblea que «no hay necesidad de activismo en las políticas en la Unión Europea», las cuales deben orientarse a mantener la estabilidad monetaria y fiscal, en su opinión.

Bajo el nuevo liderazgo del socialista francés Dominique Strauss-Kahn, el FMI se situó así en la extraña posición de querer más mano pública en la economía que muchas autoridades en Europa y Estados Unidos.

A Washington le aconsejó usar dinero público para garantizar la disponibilidad de préstamos hipotecarios, ante la reducción actual del crédito para inmuebles, una medida que se encuadraría en esa tercera línea de defensa, la más heterodoxa.

Esa recomendación -que Strauss-Kahn no ha querido explicar en detalle-hace pensar en los programas intervencionistas que impulsan los demócratas en el Congreso y a los que se resiste el gobierno de George W. Bush. Tal vez Keynes sonría desde la tumba.

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