21 de noviembre 2000 - 00:00

Gobernadores firmaron el acuerdo que congelará gastos por cinco años

"Sos un gordo hijo de puta, esto ni con Cavallo lo pudimos sacar." Así saludó ayer Eduardo Bauzá a Chrystian Colombo, el jefe de Gabinete que acababa de conseguir que los gobernadores peronistas suscribieran el Compromiso Fiscal que se negoció durante la última semana. Acaso Bauzá no exageró: el pacto supone un congelamiento de gastos que se prolonga hasta 2005 tanto para la Nación como para las provincias y, además, sienta las bases para que comience a discutirse una nueva ley de coparticipación. También impone un límite, por el mismo período, para el giro de recursos al interior. Los gobernadores consiguieron, a cambio, que se les deriven recursos para acción social que hasta ahora estaban en manos del gobierno central. Sentaron así un antecedente sobre el que volverán el año próximo, cuando se discuta el nuevo presupuesto.

«Entreguen lo que estén dispuestos a entregar que firmamos hoy»
, le comunicó el gobernador de Misiones Carlos Rovira al «Vikingo» Colombo, ayer por la mañana, mientras se dirigía al Consejo Federal de Inversiones (CFI). Fue el contacto final de una serie infinita de negociaciones,

que se desarrolló durante todo el fin de semana, entre el jefe de Gabinete, José Luis Machinea y los gobernadores peronistas. Desde el Ejecutivo se le comunicó un último «ok» a Rovira, que se agregaría bajo el escolástico título de «Addenda» al compromiso federal. Ese apartado autorizó a las provincias a aumentar el gasto ante situaciones graves que impliquen interrupciones de servicios de educación o salud o alteraciones en la seguridad pública. Fernando de la Rúa, cuando explicó ayer el contenido de ese punto, ejemplificó con el caso de una catástrofe natural.

Las circunstancias que llevaron a la firma de los peronistas fueron variadas. Por un lado, la presión del grupo de provincias del Norte, interesadas en suscribir el pacto desde el miércoles pasado. El salteño Juan Carlos Romero lo explicitó cuando se sentó a la mesa del CFI: «Quiero firmar ahora, ¿para qué vamos a seguir esperando?». Carlos Ruckauf y José Manuel de la Sota asintieron. Candidatos presidenciales, los dos creyeron -y acertaron-que el escenario de una discusión dura con la Alianza les daría aire en los medios y en la opinión pública. También ambos advirtieron que, de seguir esa estrategia ayer, comenzarían a perder el terreno ganado. Claro, sobre ambos se ejercieron presiones importantes.

Por ejemplo, hubo llamados de Enrique Iglesias, el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, advirtiendo desde Washington que, si no se firmara el compromiso federal, deberían retirarse las solicitudes de financiamiento realizadas por Buenos Aires y Córdoba: «Yo también requiero de un esquema de previsibilidad», dijo, con suavidad, el oriental. De la Rúa, mientras ocurrían los hechos, recibió información detallada de toda la operación a través de ocho comunicaciones telefónicas a Panamá: estaba inquieto por las preguntas de los demás presidentes de Iberoamérica sobre la crisis argentina.

Finalmente, ayer se estamparon las firmas. Todas, menos la de Néstor Kirchner, a quien el Presidente reclamó «que traiga la plata que tiene afuera». Santa Cruz, a eso se refiere la frase, resguarda los fondos provenientes de regalías en una cuenta radicada en los Estados Unidos. Gildo Insfrán también se mostró remiso a firmar, pero finalmente lo hizo, seguramente aconsejado por la difícil situación que atraviesa su provincia. El enojo de este formoseño estuvo referido a que se le recusó la incorporación de un artículo estableciendo el salvataje del distrito a través del «bono Capitanich», instrumento financiero ideado por un consultor con ese apellido.

El resultado al que llegó ayer el gobierno fue valorado por los funcionarios de la gestión de Carlos Menem. No sólo Bauzá confesó, con cierta envidia, que Colombo alcanzó una meta que a ellos les estuvo vedada. También Domingo Cavallo se comunicó durante el sábado con «el Vikingo» para pedirle: «No aflojes con los gobernadores que al final terminarán firmando». En rigor, la urdimbre que desembocó en el acuerdo de ayer se comenzó a tejer hace mucho, casi seis meses, durante una reunión que se realizó en Misiones con los gobernadores «solidarios» del norte argentino.

El coordinador del grupo fue Ramón Puerta; el anfitrión, Rovira (el mismo que se reunió con el jefe de Gabinete en la casa de un amigo común, el sábado, para asegurar la firma de las provincias «chicas»). Abierto en Misiones, por lo tanto, no debería llamar la atención que el círculo se cerrara allí, como sucedió ayer cuando Colombo negoció el final con Rovira.

Tal vez habrá que buscar allí el origen de la inquietud de Mario Losada, el vicepresidente virtual, quien gestionó en favor del Fondo del Tabaco y otras prerrogativas provinciales cuando su gobierno estaba en pleno combate con el PJ. Cada uno, finalmente, juega su interna aún al borde del precipicio.

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