22 de marzo 2001 - 00:00

Gobernadores le darán a Cavallo los superpoderes

«No es momento para que le hable al mercado; ahora tengo que hablarle a la gente porque necesito apoyo y generar reactivación. Si ustedes aprueban las medidas que les propongo, al día siguiente comienza a resolverse el problema fiscal. Mi idea es aplicar el impuesto al cheque, a las tarjetas de crédito, a los plazos fijos. Sería de 6 por mil pero, si no alcanza, podríamos llevarlo a más hasta que se achique la brecha fiscal. La ventaja que tengo es que lo tomo en los bancos, directamente. Con eso comienza la reactivación.» Como una ametralladora, Domingo Cavallo explicó así la piedra angular de su paquete de medidas ayer, ante los gobernadores del PJ. Carlos Ruckauf aplaudió cuando terminó la frase, con la que el ministro buscaba sumar aliados al «negocio» político de la reactivación. «Eso, eso es lo que queríamos escuchar», repetía el bonaerense, acaso para desmentir lo que se comenta a diario en los círculos más politizados: que el eventual éxito de Cavallo lo tiene a él como primera víctima.

El ministro de Economía llegó a la Casa de Salta, donde se realizó el cónclave, acompañado por Horacio Liendo. Allá arriba, en el piso octavo, ya estaban Chrystian Colombo y Armando Caro Figueroa. La intención de Cavallo fue conseguir la delegación de facultades que prevé el artículo 76 de la Constitución nacional. Ya le habían explicado que no habría semejante generosidad y que, en todo caso, le extenderían esa delegación sólo para medidas que afecten a la administración central. Un gobernador se lo había explicado con esta lógica: «A vos te daríamos las facultades, pero si vos te peleás con De la Rúa y te vas dentro de dos meses, quedamos presos del gobierno al que le dimos poderes que no sabemos cómo usará».

A pesar de esa explicación, Cavallo enumeró antecedentes según los cuales las «facultades extraordinarias» que estaba reclamando no deberían verse como tan inusuales: «Ya hubo ese tipo de transferencia de poder y de manera más drástica, como sucedió en las leyes de Emergencia Económica y Reforma del Estado; lo mismo sucedió con los superpoderes que le dieron a Roque Fernández y, si quieren más ejemplos, recuerden que con el presidente Menem hicimos uso y abuso de los decretos de necesidad y urgencia». Aun así, garantizó a los peronistas que habrá una comisión de seguimiento de las medidas que se adopten bajo el régimen acotado de atribuciones delegadas que se le concedan.

Cláusula

Los gobernadores se mantuvieron inflexibles, pero dijeron al ministro que estaban dispuestos a aprobar rápidamente una ley ómnibus, como la que el ministro llevaba en una carpeta, si esa ley contenía un artículo especial redactado por ellos. Le hicieron leer ese borrador, y Cavallo lo aprobó de inmediato: expresaba la imposibilidad de reducir los montos que actualmente se giran a las provincias, bajo la fórmula de ratificar los acuerdos fiscales preexistentes. A cambio de esa cláusula, los mandatarios se mostraron dispuestos, si no a transferir poderes discrecionales, por lo menos a dejar a la Nación con la totalidad de lo recaudado con el «impuesto al cheque», que no será coparticipable.

Promesa

Con el articulado de la ley ya completo, Cavallo prometió: «Ahora salgo de aquí y se lo llevo a De la Rúa, al que se lo tengo que explicar bien para que lo entienda». Todos los presentes creyeron inconveniente esa manera de expresarse, sobre todo cuando al referirse a Menem el ministro había hablado del «presidente Menem», rango que no concedió a su jefe actual. Detalles de protocolo, es cierto.

José Manuel de la Sota se interesó ayer por la mañana por un par de temas que están pendientes de aprobación desde que se consiguió el salvataje financiero de diciembre: «La reforma previsional y la de desregulación de las obras sociales son dos temas antipáticos, impopulares, en los que no te vamos a poder apoyar», advirtió. Cavallo le dio una respuesta rara, casi insólita, si no fuera por la atipicidad de su inserción en la gestión actual: «No se hagan problemas porque eso no se los pido; dejen que se desgasten los del gobierno». En el entusiasmo por conquistar el aval de los gobernadores, Cavallo pareció olvidar que en la sala estaba el jefe de Gabinete.

A propósito de Colombo, una vez agotado el temario del encuentro, los gobernadores introdujeron una cuestión política, en boca del santiagueño Carlos Juárez: «Ministro -le dijo el anciano a Cavallo-, queremos que nos dé una garantía acerca de que el señor Alvarez del Frepaso no formará parte de este gobierno. Porque el señor Alvarez se propuso destruir al peronismo, después fundió a la Alianza y va a fundir al país si no le ponen un límite. Usted debe saber que el licenciado Colombo es un excelente jefe de Gabinete». El «vikingo» se puso colorado, pero Cavallo entendió el mensaje, casi idéntico al que un sector del radicalismo le había transmitido el lunes por la noche, cuando se discutió su designación.

Los gobernadores que hacían de dueños de casa (los del Norte, que giran alrededor de Juan Carlos Romero, Carlos Rovira y tienen por coordinador a Ramón Puerta) ganaron también su partida en la reunión de ayer. Se habían propuesto, y lo lograron, demostrarle a Cavallo que no hay acuerdo posible con el PJ si sólo establece contacto con las provincias grandes. Ayer estuvieron todos en la Casa de Salta (sólo faltó Carlos Reutemann, quien se hizo representar por Liliana Gurdulich) y dejaron en claro ese criterio, más urgente cuanto más claro había quedado que el ministro los ignoró buscando como abogados a Ruckauf y De la Sota.

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