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Strauss-Kahn, el jefe del FMI.
· tasas de interés que descendieron a mínimos sin precedentes en la mayoría de las economías avanzadas y muchas economías emergentes,
· Las políticas fiscales proporcionaron un importante estímulo en respuesta a la fuerte desaceleración.
· Mientras tanto, el apoyo público al sector financiero resultó crucial para quebrar la interacción negativa entre el sector financiero y el sector real.
Por el lado negativo, un riesgo clave es que un repliegue prematuro y desorganizado de las políticas de apoyo socave el crecimiento mundial y su reequilibrio. También advierte que puede deteriorarse el mercado de propiedades como asimismo el que continúe aumentando el desempleo en las principales economías avanzadas.
Respecto al empeoramiento de las sostenibilidad fiscal de los países podrían desestabilizar los mercados financieros y asfixiar la recuperación al elevarse los costos de endeudamiento. Otro riesgo que señala es la baja del repunte de los precios de las materias primas afectando la recuperación en las economías avanzadas.
Para el Fondo el desafío de los gobiernos es el reequilibrar la demanda, trasladándola del sector público al privado. Varias economías emergentes están tratando de enfrentar los desafíos que impone el aumento de las entradas de capitales, oponiendo resistencia, en algunos casos, a una apreciación del tipo de cambio que podría respaldar un aumento de la demanda interna y una reducción de los excesivos superávits en cuenta corriente.
En lo que respecta a la política monetaria, muchos bancos centrales están en condiciones de mantener las tasas de interés en niveles bajos a lo largo del próximo año, ya que se prevé que la inflación subyacente permanecerá baja y el desempleo seguirá siendo alto por algún tiempo.
Uno de los aspectos que el organismo que hoy dirige Strauss Kahn viene advirtiendo es que se torna necesario elaborar estrategias creíbles para retirar las políticas monetarias de apoyo y dar a conocer dichas estrategias de inmediato para anclar las expectativas y aplacar los temores potenciales de inflación o de nueva inestabilidad financiera. Dado el carácter aún frágil de la recuperación, las políticas fiscales tienen que seguir apoyando la actividad económica en el corto plazo.
Las estrategias de ajuste fiscal deben procurar reducir los déficits fiscales sin perder de vista la necesidad de proteger el gasto en reducción de la pobreza y en ayuda externa; y reformar el gasto en prestaciones sociales, entre otras medidas.
El temido ajuste.
El FMI sostiene que una vez que la demanda privada sea autosustentable, el repliegue de las políticas monetarias y fiscales acomodaticias deberá tener en cuenta lo siguiente:
· Si los niveles elevados de déficit fiscal y deuda estén generando preocupaciones acerca de la sostenibilidad y el riesgo soberano,
· la posibilidad de que las tasas de interés estén contribuyendo a la creación de burbujas de precios de los activos;
· posibles presiones al alza o a la baja sobre el tipo de cambio
· la rapidez con que las políticas monetarias y fiscales pueden adaptarse a las variaciones de la demanda interna.
Una cuestión clave es que persiste la necesidad apremiante de sanear el sector financiero en las economías avanzadas y las economías emergentes más golpeadas. En estos casos aún se precisan políticas para abordar el problema de los activos bancarios desvalorizados y su restructuración.
Las autoridades también tendrán que encarar enérgicamente la reforma del sector financiero para reducir los riesgos de inestabilidad en el futuro advierte el organismo.
El FMI señala el riesgo que implica el fuerte ingreso de capitales, y reconoce que no existe una receta única para evitar los efectos negativos y acepta que las medidas adecuadas dependen de cada país.
Sin embargo, menciona como herramientas eficaces: el endurecimiento de las condiciones fiscales para aliviar la presión sobre las tasas de interés; apreciación o flexibilización del tipo de cambio; cierta acumulación de reservas y determinados controles sobre las entradas de capitales.
Finalmente recomienda que los países que cuentan con superávits externos y tasas de ahorro interno excesivas deberían fijar políticas para apoyar la demanda interna y el desarrollo de los sectores de bienes no transables. Por el contrario, las economías que dependieron demasiado del crecimiento impulsado por la demanda interna tendrán que orientar los recursos al sector de bienes transables.



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