26 de enero 2010 - 21:16

Gracias a los países emergentes el mundo crecerá un 3,9%

Strauss-Kahn, el jefe del FMI.
Strauss-Kahn, el jefe del FMI.
El Fondo Monetario Internacional prevé que el producto bruto mundial crecerá 3,9% este año y proyecta 4,3% para el 2011 tras una fuerte contracción en 2009, según la actualización que elaboró del Panorama Económico Mundial (World Economic Outlook Update). De acuerdo al informe, el crecimiento en las economías avanzadas será débil (2% en 2010) en comparación con los parámetros históricos, y el producto real permanecerá por debajo de los niveles previos a la crisis hasta finales de 2011. El nuevo pronóstico refleja una revisión al alza de 3/4 puntos porcentuales. En tanto, el organismo estima que en las economías emergentes y en desarrollo el crecimiento aumentará a aproximadamente 6% en 2010, tras el modesto 2% registrado en 2009. La nueva proyección refleja una revisión al alza de casi 1 punto porcentual y se proyecta que en 2011 continuará la aceleración del producto. Los marcos económicos más sólidos y las rápidas medidas de política han ayudado a muchas economías emergentes a amortiguar el impacto del shock externo sin precedentes y a volver a captar flujos de capital.

Las principales economías emergentes de Asia están liderando la recuperación mundial. El repunte de los precios de las materias primas está ayudando a sustentar el crecimiento en todos los países que las producen. Muchos países en desarrollo de África subsahariana que experimentaron solo una desaceleración moderada en 2009 están en buenas condiciones para recuperarse en 2010.

Para el FMI la recuperación ha sido posible por:

· la aplicación de una política monetaria muy expansiva,
· tasas de interés que descendieron a mínimos sin precedentes en la mayoría de las economías avanzadas y muchas economías emergentes,
· Las políticas fiscales proporcionaron un importante estímulo en respuesta a la fuerte desaceleración.
· Mientras tanto, el apoyo público al sector financiero resultó crucial para quebrar la interacción negativa entre el sector financiero y el sector real.

Sin embargo, advierte con preocupación que aún hay pocos indicios de que la demanda privada autónoma (no la inducida con políticas) esté afianzándose, al menos en las economías avanzadas.

Por el lado positivo, es posible que la resolución de la crisis de confianza y la menor incertidumbre sigan propiciando una mejora mayor de la prevista en la actitud del mercado financiero y repuntes mayores de lo previsto en los flujos de capital, el comercio y la demanda privada. Las nuevas iniciativas de política en Estados Unidos para reducir el desempleo podrían impulsar aún más el crecimiento tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo.

Por el lado negativo, un riesgo clave es que un repliegue prematuro y desorganizado de las políticas de apoyo socave el crecimiento mundial y su reequilibrio. También advierte que puede deteriorarse el mercado de propiedades como asimismo el que continúe aumentando el desempleo en las principales economías avanzadas.

Respecto al empeoramiento de las sostenibilidad fiscal de los países podrían desestabilizar los mercados financieros y asfixiar la recuperación al elevarse los costos de endeudamiento. Otro riesgo que señala es la baja del repunte de los precios de las materias primas afectando la recuperación en las economías avanzadas.

Para el Fondo el desafío de los gobiernos es el reequilibrar la demanda, trasladándola del sector público al privado. Varias economías emergentes están tratando de enfrentar los desafíos que impone el aumento de las entradas de capitales, oponiendo resistencia, en algunos casos, a una apreciación del tipo de cambio que podría respaldar un aumento de la demanda interna y una reducción de los excesivos superávits en cuenta corriente.

En lo que respecta a la política monetaria, muchos bancos centrales están en condiciones de mantener las tasas de interés en niveles bajos a lo largo del próximo año, ya que se prevé que la inflación subyacente permanecerá baja y el desempleo seguirá siendo alto por algún tiempo.

Uno de los aspectos que el organismo que hoy dirige Strauss Kahn viene advirtiendo es que se torna necesario elaborar estrategias creíbles para retirar las políticas monetarias de apoyo y dar a conocer dichas estrategias de inmediato para anclar las expectativas y aplacar los temores potenciales de inflación o de nueva inestabilidad financiera. Dado el carácter aún frágil de la recuperación, las políticas fiscales tienen que seguir apoyando la actividad económica en el corto plazo.

Las estrategias de ajuste fiscal deben procurar reducir los déficits fiscales sin perder de vista la necesidad de proteger el gasto en reducción de la pobreza y en ayuda externa; y reformar el gasto en prestaciones sociales, entre otras medidas.
El temido ajuste. 

El FMI sostiene que una vez que la demanda privada sea autosustentable, el repliegue de las políticas monetarias y fiscales acomodaticias deberá tener en cuenta lo siguiente:

· Si los niveles elevados de déficit fiscal y deuda estén generando preocupaciones acerca de la sostenibilidad y el riesgo soberano,
· la posibilidad de que las tasas de interés estén contribuyendo a la creación de burbujas de precios de los activos;
· posibles presiones al alza o a la baja sobre el tipo de cambio
· la rapidez con que las políticas monetarias y fiscales pueden adaptarse a las variaciones de la demanda interna.

Una cuestión clave es que persiste la necesidad apremiante de sanear el sector financiero en las economías avanzadas y las economías emergentes más golpeadas. En estos casos aún se precisan políticas para abordar el problema de los activos bancarios desvalorizados y su restructuración.

Las autoridades también tendrán que encarar enérgicamente la reforma del sector financiero para reducir los riesgos de inestabilidad en el futuro advierte el organismo.
El FMI señala el riesgo que implica el fuerte ingreso de capitales, y reconoce que no existe una receta única para evitar los efectos negativos y acepta que las medidas adecuadas dependen de cada país.

Sin embargo, menciona como herramientas eficaces: el endurecimiento de las condiciones fiscales para aliviar la presión sobre las tasas de interés; apreciación o flexibilización del tipo de cambio; cierta acumulación de reservas y determinados controles sobre las entradas de capitales.

Finalmente recomienda que los países que cuentan con superávits externos y tasas de ahorro interno excesivas deberían fijar políticas para apoyar la demanda interna y el desarrollo de los sectores de bienes no transables. Por el contrario, las economías que dependieron demasiado del crecimiento impulsado por la demanda interna tendrán que orientar los recursos al sector de bienes transables.

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