Greenspan y Bush, en un nuevo frente
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Los mercados ven un shock reversible, a pesar que la guerra persiste
En la medida que el banquero es una persona extremadamente cuidadosa con lo que dice, de aquí en más es posible que se desate una nueva guerra, menos cruenta que la del Golfo, pero no menos importante para los inversores. Después de todo, pocos olvidan (y George Bush menos que ninguno) que a la política restrictiva de la Fed en 1991 se le achaca el que Bush padre no pudiera ganar su reelección y que quedara como el presidente con la mayor caída de popularidad en toda la historia de los EE.UU., a pocos meses de aplastar la invasión iraquí sobre Kuwait. No importa quién sea el ganador en este nuevo frente, lo más probable es que pierdan los inversores norteamericanos si el Banco Central y el Ejecutivo se mueven en veredas opuestas. Con esto por un lado, la situación militar que en lugar de aclararse parece estar enturbiándose día a día, el petróleo que ya casi roza los 36 dólares por barril, General Motors que se desplomó ante la simple bajada de pulgar que le hicieran los analistas del BofA (Bank of America), algunos temores por los datos sobre los seguros de desempleo y las ventas minoristas que se darán a conocer en horas, se entiende por qué el Dow se desplomó ayer 1,08 por ciento, cerrando en 7.758,17 puntos (el mínimo desde octubre pasado) y por qué apenas se alcanzaron a realizar operaciones por 1.240 millones de acciones en el NYSE.



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