Los «otros» gremios de Aerolíneas Argentinas que no adhieren a la protesta de APTA ( técnicos) y APLA (pilotos) concurrieron ayer a la Casa Rosada con el propósito de «expresar su profunda preocupación» por la huelga que llevan a cabo esos sindicatos. Lo que en realidad hicieron AAA (aeronavegantes), UALA (pilotos de Austral), APA (personal de tierra), ATVLA (técnicos de vuelo) y UPSA (personal jerárquico) fue despegarse de sus colegas en conflicto y expresar de manera inequívoca su apoyo a la empresa para la que trabajan.
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Esos cinco gremios representan a unos 8.600 empleados de Aerolíneas, o sea cerca de 80% del total de trabajadores de la aérea, y dijeron también que «el propósito de esta huelga salvaje es acabar con Aerolíneas Argentinas, en la que trabajamos casi 10.000 personas, y que estuvo en 2001 al borde de la desaparición».
Lo dijo la diputada Alicia Castro, que encabezó la delegación gremial que estuvo casi dos horas en el despacho del jefe de Gabinete, Alberto Fernández, al que se sumó el ministro de Trabajo, Carlos Tomada. Después de que los gremialistas expusieran su postura, según trascendió, Fernández se comprometió a que el gobierno apelará a todas las armas a su alcance para destrabar el conflicto y lograr la reanudación de los vuelos.
Lo más llamativo, que no por conocido dejó de ser crucial para entender la matriz del conflicto, fue la afirmación de Fernández, sobre que el gobierno no comparte la posición del subsecretario de Transporte Aerocomercial, Ricardo Cirielli, titular de APTA. Curioso lo dicho por el jefe de Gabinete, pero más curioso aún resulta que Cirielli siga formando parte de un gobierno que dice disentir con él y sus métodos. «Los aeronavegantes no participamos de la metodología del paro salvaje que toma de rehenes a trabajadores y usuarios; y rompe nuestra alianza con el motor de la actividad aerocomercial que son, precisamente, los pasajeros», dijo en rueda de prensa Ricardo Frecia, secretario general de AAA y «heredero» de Alicia Castro.
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