Hablan ya de varios posibles interesados
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¿Habrá algún interesado local? El primer nombre que viene a la mente es, obviamente, el de OCA. Hace un par de años largos, cuando la empresa era propiedad de The Exxel Group, se embarcó en un proceso de fusión con Correo Argentino SA; las negociaciones las llevaron a cabo los propios corresponde justamente al segundo: Samuel Liberman, junto con un grupo de socios, alcanzó un empate técnico con SOCMA en la licitación, que obligó a una segunda vuelta; allí optó por no mejorar su oferta original y dejó el campo libre a SOCMA, que sí lo hizo. Liberman quedó segundo.
¿Irá por la revancha él también? Es muy difícil; si bien el año pasado, cuando comenzó a hablarse de la renegociación del contrato del Correo, reclamó participar en el proceso, justamente por haber «empatado» con Macri, ahora Liberman está casi totalmente radicado en Panamá, donde tiene fuertes intereses económicos. En la Argentina mantiene intereses en hotelería (el Park Hyatt de Mendoza), en agroindustrias, en inversiones inmobiliarias y en el juego (locales de apuestas hípicas), lo mismo que en Uruguay. Desde hace tiempo quienes lo frecuentan lo escuchan decir que hoy la Argentina no ofrece garantías, seguridad jurídica y rentabilidad como para apostar a una reprivatización como la del Correo, que podría quedar sin efecto no bien cambien los vientos políticos en el país.
Héctor Colella, sin dudas el hombre que más conoce del mercado postal argentino, ¿tendrá ganas de participar en esta puja? El tampoco tiene residencia permanente en la Argentina, y su nunca ocultado vínculo con Yabrán no lo haría un nombre «potable» para los actuales gobernantes.
La lista, entonces, va acortándose. Quedaría, por caso, el grupo Roggio, que ya tiene un correo privado (Seprit) y fluidos vínculos con el gobierno. Otros grupos con llegada a la Casa Rosada, en cambio, ya habrían adelantado su desinterés por el Correo. Será una dura prueba para el gobierno si realmente se decide a privatizar lo que ayer se estatizó: es que hasta ahora todos los intentos por volver a la órbita privada empresas estatizadas han fracasado. Como ejemplo vaya el de LAPA (que finalmente se constituyó en una «línea federal» de dudoso futuro), y los bancos Suquía, Bisel y BERSA, abandonados por el francés Credit Agricole y administrados hasta hoy por el Banco Nación, sin interesados (salvo el Suquía, pero el Estado deberá hacer un « generoso» aporte de $ 200 millones) y sin miras de que algún privado se haga cargo.



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