El secretario de Finanzas, Guillermo Nielsen, señaló ayer que «un sector de la estructura burocrática del FMI trata de boicotear el acuerdo con la Argentina». Fue su respuesta al trascender un memo interno del FMI, en el que se analizaba la situación económica y política del país, pero preparado por técnicos que no están a cargo de las negociaciones y previo a la llegada de Horst Köhler al país.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Igualmente, la reacción de Economía fue fuerte. El vocero de Roberto Lavagna, Armando Torres, señaló que «es un documento de trabajo elaborado por un sector del Fondo, y su filtración, por canales no oficiales, puede generar cierta perturbación en momentos en que se inician las negociaciones», dijo. Desde Washington, funcionarios del organismo en diálogo con este diario aseguraron que fue preparado para la visita de Köhler, pero que no reflejaba ni pedidos ni la visión oficial del organismo. De hecho, ni Anoop Singh (director del Hemisferio Occidental), ni Guillermo Zoccali (representante argentino en el FMI), ni los técnicos radicados aquí lo conocían.
Al igual que en anteriores conflictos -por ejemplo, con directivos de la asociación de bancos cuando trascendió un encuentro en Economía-, para Lavagna se trata de maniobras que bien buscan desestabilizarlo o complicarle las negociaciones. En este caso, repite la estrategia: se posiciona ante una negociación, para luego encarar un acuerdo. Pero la desconfianza en el equipo económico llegaba hasta el punto de suponer que, como ese memo interno sugería que los BODEN debían reestructurarse, entendían que «eso se trata de una maniobra de operadores de Wall Street, que quieren así soportar una quita menor en los papeles de la deuda ya en default». El secretario de Finanzas había realizado esas declaraciones respecto del pago de los BODEN y el «sabotaje» en el acto de asunción de Hugo Medina como nuevo presidente de la Comisión Nacional de Valores.
Antes y después, hubo comunicaciones con Washington desde el Ministerio de Economía. El representante del FMI en el país, Luis Cubbedu, aseguró al mismo tiempo a los funcionarios del Palacio de Hacienda que ese memo -sin el logo del FMI-no reflejaba el pensamiento del Nº 1 del FMI, Horst Köhler, y menos el del organismo como institución. Lo mismo aseguró a Roberto Lavagna el representante argentino en el organismo, Guillermo Zoccali. De hecho, Köhler había informado al resto del directorio el resultado positivo de su encuentro con Néstor Kirchner en un comunicado a los restantes integrantes del directorio. Sí manifestó su preocupación -y su esperanza de que se logre cerrar en la misión que desde hoy negociará en la Argentina el nuevo entendimiento-por lo que ya se conoce: la necesidad de concretar un acuerdo con los acreedores, la de solucionar la situación de bancos y privatizadas y, por último, la de concretar una reforma impositiva (incluyendo la forma en que la Nación y las provincias se reparten los ingresos). Las mismas tensiones entre Economía y el FMI sucedieron cuando trascendió un «side letter», o acuerdo paralelo, firmado por Roberto Lavagna a principios de año en el que se estipulaban los pasos a seguir en caso de que la Corte Suprema definiera una redolarización de los depósitos.