Tal vez el título de esta columna le parezca algo irrespetuoso. A lo mejor lo anoticia de algo que no conocía. En el mejor de los casos, puede que lo haga pensar un poco. Por lo pronto, le advertimos que no se devane los sesos como ocurría en el pasado tratando de adivinar si el máximo banquero del mundo sorprendería al mercado con un movimiento violento de tasas. El "consenso" de los analistas e inversores, más la prudencia política de quien busca ser reelegido una vez más en su puesto, indican que podemos almorzar tranquilos sin necesidad de estar pegados a las pantallas de las computadoras. Lo de pensar entonces se relaciona más que nada con el análisis de cómo se comporta hoy el mercado y cómo lo hacía tres o cuatro años atrás. Es cierto que ayer el Dow perdió 0,6% al cerrar en 8.531,57 puntos pero, a pesar de ello, podemos decir que fue otra buena sesión bursátil. Esta afirmación puede ser curiosa, pero obedece no a la idea de que los precios de las acciones deben subir siempre, sino a que el mercado debe reflejar la realidad y actuar de manera más o menos coherente, ya sea en las subas como en las bajas. En este sentido, la caída de volumen, los pobres datos macroeconómicos que se difundieron, la flojedad en el sector de Defensa (golpeado por Boeing) y el bancario, y por sobre todo el que el dólar cayera al mínimo en cuatro años frente al euro, alcanzan para explicar la baja del promedio industrial. Entonces no es la baja de ayer lo que nos invita a pensar dónde estamos, sino el hecho de que el radio precio ganancias del S&P 500 está casi en 30 (6 unidades por encima de su promedio histórico), que el NASDAQ ya trepa 34% desde octubre de 2002, que el S&P está a las puertas de entrar en un bull market con 19,27% de suba y que el Dow acumula un alza de 17,1%.
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