Ayer fue el Bovespa el que sacó sus ruedas de la vía que alínea a los mercados. Cuando todo en el mundo volvía a mostrar su incontenible volatilidad, cayendo los que el lunes subían, fue el turno de los brasileños dar la nota a contramano. En tanto los Mervales acusaban la presión en las salidas, que durante la primera fecha se había conseguido recortar a través del mecanismo clásico de cerrar filas y resistir, debajo de ciertos precios. No estaba dicha la última palabra y lo de la tarde de la víspera sinceró una situación que no valía la pena dilatar. Los precios resultaron la única variable para ajustar, habían quedado flameando en el aire y el volumen no respondía con órdenes de compra...
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Se juntó bastante «crema» a lo largo de setiembre, sumado a 14 por ciento que se llevaba en octubre y como promedio. Esto no se correspondió con mayor presencia tomadora y esa leve expansión de montos de ayer, con unos $ 16 millones para acciones, solamente engrosó la columna vendedora. Casos de baja de 7 por ciento en Acíndar, 5 por ciento en una CEPU que trepaba a los saltos, más daño con la baja de 4 por ciento del Galicia. Y los dos millones de papeles, cayendo 2 por ciento en Pérez Companc, incidieron de lleno. Baja en torno de 2,5 por ciento para ambos índices, el cierre cerca del mínimo, apenas pasando de «33». La pregunta es si ya esto dejó el terreno limpio. O habrá que volver a sacudir el árbol.
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