Di Pace: "La inflación puede desacelerarse, pero el piso seguirá siendo alto"

Economía

El analista se refirió al impacto de las nuevas restricciones en el consumo, las consecuencias del covid en la producción de las pymes y lo que puede ocurrir con el dólar en la previa de las elecciones.

Periodista: ¿Cómo pueden impactar en la reactivación económica las restricciones ‘intermitentes’ que plantearía el Gobierno para contener la segunda ola?

Damián Di Pace: Entiendo que hay cierta idea de tener estos cortes intermitentes, una semana sí y una no. A diferencia de la sensación que tenían sobre todo las MiPymes cuando no sabían cuándo iba a volver a abrir, esto sería un estadio intermedio. De alguna manera se tiene un mayor nivel de previsibilidad. Se verá si realmente es rentable operar o no con estos cierres, porque esto no va a ser un por par de semanas, la planificación es hasta agosto. Lo que diría es que, desde el punto de vista de la actividad comercial, es un estadio intermedio en relación al de una cuarentena estricta y larga. En distinta situación está el sector servicios, como boliches, bares, el sector gastronómico. Por ejemplo, en este sector, el take away implica solamente el 15% de las ventas cuando se deja abrir con un 30% de aforo adentro del local.

P.: ¿Cree que con estas medidas se desacelerará la inflación, como ocurrió el año pasado en la etapa más dura de la cuarentena?

D.D.P.: Es posible, aunque el piso va a seguir siendo muy alto. Quizá no se sostenga una aceleración como se venía dando, pero va a haber un piso de 3%. Ese piso de 3% retenido en el próximo trimestre, va a requerir de mucha agudeza de parte del ministerio de Hacienda a través del Tesoro, para financiar el actual paquete social. Porque acá no hay una situación solamente económica: hay una situación de asistencia social, necesaria en el contexto de pandemia, que implica que después esa emisión monetaria, si las colocaciones en el mercado local -que por ahora le vienen saliendo muy bien a Guzmán- no son positivas, ahí puede haber una acción de rezago de esa emisión en la inflación. Es decir que en el segundo semestre, cuando haya pasado la asistencia y en un contexto de elecciones, el desafío es muy importante.

P.: En la búsqueda de aplacar la inflación, el Gobierno también apela a distintos controles, sobre todo en el rubro de alimentos. ¿Cree que funcionan?

D.D.P.: Es muy acotado eso, porque la inflación es la evolución general en el nivel de precios. Y la realidad lo que el Gobierno intenta contener con distintas acciones es alimentos y bebidas, que es obviamente lo más importante porque detrás de ese dato está la pobreza y la indigencia. Pero uno no puede actuar sobre todos los bienes de la economía. Por ejemplo en Indumentaria, que aumentó cerca de un 80%, hay un problema de oferta: cerraron muchísimas pymes, entonces tenés menor oferta. Y además el sector textil tuvo un aumento importante de insumos. Hay muchos factores, no es que los empresarios son ‘malos’: ya que caen las ventas y suben los precios.

P.: ¿Cuáles son esos factores?

D.D.P.: Si hay algún factor que no podemos perder de vista es que producir en pandemia no es sencillo para una pyme. Por ejemplo si hay un caso de covid en una pyme, hay que aislar a quince personas cuando tenés una plantilla de sesenta. Entonces, una línea de producción queda parada; tenés menor stock e incertidumbre de cuándo podés volver; con lo cual eso genera que el precio tenga que ir al alza, porque vos tenés un mayor costo. Ese factor de producir en pandemia, hay que tenerlo en consideración. También hay que tener en cuenta que, al cerrar comercios, es menos producción para las pymes que los abastecen.

P.: En este contexto, ¿es posible que los salarios le ganen a la inflación?

D.D.P.: En lo que vimos en estos meses, el salario medido por el INDEC le gana a la inflación. Es porque estás en el medio de paritarias y el cobro de instancias de ajuste del salario. Pero en el segundo semestre lo que va a pasar, seguramente, es que el salario va a perder frente a la inflación. Y ahí seguramente van a abrirse las cláusulas gatillo. Al respecto, de todas formas, me preocupa más el indefenso: es el que está en la informalidad, que no tiene paritaria alguna. También están más complicados los monotributistas, que son 3.850.000 de personas, que no tiene un ingreso constante: si ahora no trabaja, deja de facturar. Hay mucho monotributista damnificado. Y, creo, el peor universo, es el medio millón de autónomos, a quienes les prometieron que iba a haber un proyecto por el impuesto a las Ganancias para ellos: hoy un autónomo que factura $50.000 paga Ganancias. Es decir que, además de perder trabajo en el actual contexto, encima lo poco que pueda ganar, paga Ganancias. Es un sector que hay que visibilizarlo también.

P.: ¿Qué puede ocurrir con el dólar de cara a los próximos meses?

D.D.P.: El tipo de cambio sigue siendo competitivo, ante estas microdevaluaciones que se hacen administradas. Lo que uno está viendo es que la inflación se acelera más que esa devaluación en el mercado oficial. Quizás, lo que suceda después de las elecciones, es que sea necesario una corrección de ese tipo de cambio. Una corrección que no depende sólo de la política y la dinámica que le pueda imprimir el Gobierno, sino también de acuerdo a cuál sea la evolución de la canasta de monedas con las cuales competís comercialmente: el real de Brasil o el peso chileno, por ejemplo. Hay que tener en consideración eso. En el caso de las brechas, hay una situación que vuelve a depender de la emisión monetaria y cuál es el éxito que tenga Guzmán en la colocación de deuda. Después, hay una cuestión social inmanejable: cuando no hay una estabilidad macroeconómica, lo que puede llegar a suceder es que previo a las elecciones, la incertidumbre genere una ampliación de las brechas. Es el efecto electoral: la gente busca refugio en una moneda dura, casi como una costumbre.

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