En realidad, este tipo de prácticas es habitual en las reestructuraciones corporativas, cuando las empresas deben determinar con cierta exactitud quiénes son sus acreedores. Pero nunca se había avanzado de esta manera en el caso de una reestructuración soberana.
De los u$s 90.000 millones que ingresaron en la reestructuración, prácticamente la mitad está en manos de tenedores extranjeros y la otra mitad en poder de argentinos, considerando inversores individuales y AFJP.
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