La de ayer fue una de esas ruedas que dejan un feo gusto en la boca. En realidad, no es que fuera "tan mala" desde lo numérico, ya que el Promedio Industrial apenas perdió 0,02% cerrando en 10.881,67 puntos, sino por la forma en que se dieron las cosas. Poco antes de la apertura, los más que positivos datos sobre la inflación de noviembre (la baja fue de 0,6%, la mayor desde julio de 1949) y si se quiere el favorable número del Indice "NY Empire State" (mide la producción manufacturera en la zona de Nueva York) habían disparado una fuerte suba en el "premarcado", que dio pie a que muchos apostaran a una tercera alza consecutiva del mercado bursátil. Curiosamente y sin demasiados argumentos para explicar qué ocurría, por ese entonces la tasa de los bonos del Tesoro -que cerró en 4,47% a 10 años- se movía en un sentido opuesto a lo que "la lógica" permitía esperar (¿tal vez un ajuste a lo previo?). Es posible que fuera esto lo que acotó la euforia bursátil, de manera que en lo mejor de la rueda -treinta minutos después que sonara la campana el Dow apenas si alcanzó a ganar 0,5% (este movimiento tuvo más que ver con el anuncio de que la Corte Suprema había fallado a favor de Altria en una de sus tantas causas, que con cualquier otro factor). Otros quince minutos más y las Blue Chips entraban a arrastrarse apenas un par de puntos arriba/debajo de los últimos valores del miércoles. Comenzó entonces el habitual ejercicio de "releer" lo que a la mañana había sido positivo buscando cualquier implicancia que permitiera justificar lo ocurrido; lo que demuestra una vez más que a veces es mejor callar que intentar explicar lo que pasó.
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