El secretario de Industria, Alberto Dumont, viajó ayer a Rio de Janeiro para intentar resolver definitivamente el conflicto comercial planteado con Brasil por las restricciones impuestas a las compras de textiles del país vecino.
Enfrente tendrá al viceministro de Industria brasileño, Marcio Fortes, que lo espera con un documento clave. En 1999 Brasil habría intentado aplicar las mismas «licencias no automáticas» para algunas exportaciones argentinas como el calzado, y nuestro país recurrió con éxito a un tribunal especial del Mercosur que terminó declarándolas ilegales. Con esto, Fortes quiere demostrar que la intención del gobierno de Luiz Inácio Lula Da Silva es llevar la decisión que anunció el viernes pasado el ministro de Economía Roberto Lavagna a algún tribunal dentro del Mercosur y eventualmente hasta la Organización Mundial de Comercio (OMC), en ambos casos con la seguridad basada en la jurisprudencia que el fallo será favorable a Brasil. Mientras tanto las negociaciones entre los privados que comenzaron ayer en Rio, estaban lejos de llegar a buen puerto. Según Paulo Skaf, el presidente de la Asociación Brasileña de la Industria Textil, las discusiones «no van por buen camino»,
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Ante este panorama, la Argentina insistirá en su posición original: las restricciones a las importaciones textiles desde el país vecino se mantendrán, salvo que haya acuerdo entre los privados, aunque este se encuentre lejos todavía. Como igualmente los asesores que acompañan a Dumont esperan que las cámaras textiles que puedan finalziar con éxito las discusiones y autolimitar las exportaciones brasileñas, se confía en que las «licencias no automáticas» finalmente no se aplicarían y el conflicto comercial se desmantelaría. En concreto se espera que los fabricantes textiles lleguen hoy a un final feliz en sus negociaciones y que Dumont tenga ya la carpeta definitiva en sus manos cuando tenga que enfrentarse con Fortes.
En realidad los lineamientos generales del acuerdo, por lo menos en las telas denim, que concentran 70% del problema, ya estarían definidos. Brasil controlaría con la intervención del gobierno de Lula los envíos de no más de 15 millones de metros de tela durante 2004; y luego de la firma del acuerdo la Argentina anunciaría que no aplica las licencias. Para oficializar el acuerdo, siempre que las negociaciones de los privados lleguen a buen término, se esperaría además que Dumont vuelva a Buenos Aires y se encuentre con el ministro Lavagna. La diplomacia indica que si fue el ministro el que anunció las restricciones, también debe ser él quien las desmantele públicamente. Se confía además en que un acuerdo entre los productores textiles sería el inicio de una serie de encuentros entre los privados para que sean ellos los que resuelvan los conflictos bilaterales comerciales.
Mientras esta cuestión se define, y hasta que la Argentina no desmantele las restricciones, Brasil ya tiene su propia estrategia planteada. En las manos de Fortes se encuentra el fallo del laudo arbitral del Primer Tribunal ad hoc del Mercosur del 28 de abril de 1999, donde se falló en contra «de la aplicación de licencias no automáticas» dentrodel bloque; medidas similares a las que anunció el gobierno argentino. Lo curioso de este caso fue llevado a los tribunales del bloque (que no son permanentes y se crean específicamente para solucionar problemas comerciales puntuales), a instancias de un pedido del gobierno argentino para cuestionar al brasileño, precisamente la situación contraria a la que ahora plantea la gestión de Néstor Kirchner. Como los tribunales se basan en la jurisprudencia (lo que se haya resuelto en el pasado es ley); si Brasil llama a un nuevo tribunal para que resuelva el caso, éste fallaría en contra de la Argentina, que tendría que desarmar las licencias. Según ese fallo del '99, si se aplicara este tipo de restricciones «perdería todo sentido el programa de liberación y el fundamento mismo del Mercosur estaría en crisis» y «habría un vaciamiento del contenido del proceso de integración, privándolo de la efectividad del programa de liberación».
También en el mismo sentido contrario a la posición argentina se fallaría si el caso es llevado por Brasil hasta la OMC, donde ya se sancionó a países como Taiwán, Malasia o China cuando intentaron en los últimos años restringir importaciones vía licencias no automáticas.
La especulación desde algunos sectores del gobierno argentino, que reconocen la virtual ilegalidad de las restricciones, es que cualquiera de los dos fallos (el de un tribunal del Mercosur o uno de la OMC), tardaría entre uno y dos años en conocerse. Mientras tanto las importaciones brasileñas de textiles estarían limitadas y la intención del gobierno nacional de ayudar a algunas empresas textiles nacionales (Alpargatas), estaría salvada. El problema es que más allá de alguna presentación judicial internacional, Brasil decida unilateralmente ampliar las restricciones que ya están aplicándose, como las del «canal ceniza» a exportaciones argentinas como la harina de trigo, leche en polvo, petróleo u otros productos agropecuarios.
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