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Si se lee esta historia desde Buenos Aires, hay que consignar que Néstor Kirchner fue avisado de la noticia por gente de Repsol ni bien sucedió. «Ah, ¿se va don Alfonso? Una pena. Quiero mandarle un fuerte abrazo», transmitió el Presidente, como señal de despedida para un hombre con quien tuvo una larga relación, iniciada como gobernador de Santa Cruz, donde esa compañía realizó muchas inversiones. Nunca quedaron firmes aquellas versiones sobre desavenencias insalvables y tampoco la imagen, menos verosímil aún, de un presidente argentino reclamando ante José Luis Rodríguez Zapatero, el nuevo premier socialista, que se reemplazara a Cortina de la conducción de Repsol. Debe haber sido sincero el Presidente: el petrolero retirado le demostró en los últimos dos años un llamativo talento político.
Brufau conoce la Argentina no sólo por presidir Gas Natural BAN y por haber sido director delegado de esa empresa a mediados de los '90. También siguió de cerca la agenda energética del país desde su sillón de consejero de Repsol, por más que eso no signifique estar al tanto del día a día de la empresa. Sobre esa cotidianeidad lo pondrán al corriente ahora Ramón Blanco, el vicepresidente que ayer fue ratificado, y Alejandro Macfarlaine, figura principal de la compañía en la Argentina, sobre todo desde el punto de vista de su conducción política (José María Ranero Díaz, quien resolvió retirarse a fin de año, es un «country manager» que prefirió siempre el perfil técnico).
De esa actualización surgirá clara la agenda inmediata del nuevo presidente de la compañía: participación de la petrolera en la construcción del gasoducto desde Bolivia ( iniciativa de Techint que ahora saldrá a licitación), ampliación de los gasoductos ya existentes, discusión sobre el precio de los combustibles y pelea por el nivel de las retenciones a las exportaciones de hidrocarburos. Además de dos fantasmas que aparecen cada tanto: el de la aplicación de esas mismas retenciones para las exportaciones de derivados y el de la suspensión del régimen de libre liquidación de divisas para el sector. También el nuevo presidente deberá desentrañar el enigma sobre «qué es ENARSA». Y resolver un desafío de más largo plazo: el de reducir la dependencia que Repsol tiene de la Argentina. Tarea ya iniciada por su antecesor.
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