En el primer día de visita a la Argentina del director gerente del FMI, Horst Köhler, se comenzó a delinear cómo será el nuevo acuerdo con el organismo. Roberto Lavagna le pidió un acuerdo del tipo stand-by a sólo un año de plazo. Esto implica simplemente el cumplimiento de metas fiscales y monetarias, pero sin hacer frente a las reformas de fondo pendientes que necesita el país. El acuerdo con los acreedores privados por la deuda es una condición para un entendimiento con el FMI, cualquiera sea el plazo de éste. Obviamente no se habla de fondos frescos para el país sino de renovaciones de vencimientos que deberían cancelarse no sólo con el FMI sino también con el BID y el Banco Mundial. Köhler insiste en que la actual reactivación debe ser apoyada con medidas estructurales para evitar que se agote rápidamente. Néstor Kirchner, próximo a viajar a Europa, le expresó anoche durante una cena en Olivos la intención de volver a pagar la deuda, pero -repitió- «sin que comprometa el crecimiento económico». Hoy Köhler se entrevistará con el directorio del Banco Central y tendrá luego una reunión final con Lavagna y Kirchner, antes de emprender el regreso.
Se trabajará para que el nuevo programa se ponga en marcha en setiembre. Pero en Economía no descartan que se avance con una suerte de «acuerdo puente» que permita refinanciar vencimientos con los organismos hasta fin de año (u$s 6.000 millones) y luego avanzar con un esquema de mayor compromiso.
Köhler detalló algunas cuestiones básicas que se deberán abordar para que el país esté en condiciones de alcanzar ese compromiso para setiembre, cuando vence el actual miniacuerdo.
Lavagna, por su parte, coincidió en que todos los temas deben ser abordados, pero pidió tiempo, en especial para cumplir con el aumento del superávit fiscal. Enfatizó, en ese sentido, que
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