7 de julio 2003 - 00:00

Krueger, sobre la prensa y economía

La vicedirectora ejecutiva del Fondo Monetario Internacional, Anne Krueger, disertó frente a periodistas estadounidenses en un taller sobre economía en la Universidad de Minnesota. En un tono amable habló de la falta de rigor en el tratamiento de las cuestiones macroeconómicas, de impuestos y -sobre todo- del periodismo económico. A continuación lo más saliente de su exposición.

• Los periodistas y los economistas tienen muchas cosas en común. Ambas profesiones tienden a ser sujeto considerable de desconfianza pública y, por ende, también tienden a ser objeto de muchos chistes. Mucho antes de los problemas de Arthur Andersen se decía que «los economistas hacían que los contadores lucieran atractivos». Ronald Reagan aseveró que «un economista era alguien que vio algo funcionar en la práctica y entonces se preguntaba si podía hacerlo en la teoría».

• Casi cualquiera puede escribir sobre temas económicos a vuelo de pluma, sin demasiada información, prestando poca atención a los hechos principales. Hace tiempo Adlai Stevenson (embajador en la ONU de John Kennedy en la crisis de los misiles de Cuba) decía que la exactitud para un diario es como la virginidad para una mujer, pero que el diario siempre podía imprimir una retractación.

• ¿Qué quiero decir yo con informar bien sobre economía? ¿Cómo juzgo yo qué quiere decir «buen periodismo»? ¿Doy notas más altas a los periodistas que dicen lo que yo quiero que digan, que hacen un informe con mi mensaje sin críticas? Quédense tranquilos: ¡la respuesta es un enfático no! De todas mane-ras, no sería humano -tampoco me creerían a mí- si no admitiera una cierta satisfacción cuando alguien ve un tema de la misma manera que yo, o cuando alguien da crédito al FMI por algún logro visto en forma positiva.

La controversia en Florida sobre el impuesto al azúcar es exactamente la clase de tema que muchos de ustedes pueden ser llamados a escribir con conocimiento y rápido. La presión sobre ese impuesto vino principalmente por ecologistas preocupados por el daño que el cultivo estaba haciendo sobre los pantanos de Florida. Simplemente se ponía un impuesto a la producción, para destinarlo a un fondo para la conservación y reparación de los trabajos en los Everglades. El debate se polarizó entre el gran negocio y los ecologistas.

• Del lado económico, el tema era inusualmente definido. Los ecologistas tenían razón cuando acusaban a los productores de azúcar de dañar los pantanos. Pero la manera razonable y eficiente de tratarlo era obligándolos a pagar directamente, no imponiendo una obligación fiscal. De esta manera, los productores que hayan efectuado esfuerzos por minimizar los daños no serían penalizados de igual manera que aquellos que no prestaron atención a los efectos ecológicos.

Los impuestos a la producción son erróneos porque interfieren con el mercado, pero los subsidios a la producción también lo son; un poco de tarea investigativa por parte del periodismo podría haber revelado que los productores azucareros de Florida recibían enormes subsidios, aun cuando resistían los nuevos impuestos. De hecho, es difícil encontrar un mercado más distorsionado que ése.

Creo que las lecciones de este caso son muy claras: nunca acepten lo que les dicen tal como se les presenta. Aun en un claro caso de dos facciones en pugna, puede haber razones por las que cada una de ellas no quiere que se sepa toda la verdad
.

El trabajo del periodista es poner un puente en el abismo que divide al técnico del tecnófobo. Si quieren mostrar por qué los temas económicos son importantes y al mismo tiempo que sus editores les den un espacio importante deberán descartar la jerga econó-mica y publicar las cifras que más importan.

• Pero tengan cuidado: la búsqueda de la claridad es encomiable, pero no carece de peligros. Están quienes presentan los casos más clara-mente pero no necesariamente más ajustados a los hechos.

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