La Argentina y Brasil ya tienen lugar y fecha para volver a negociar el conflictivo tema de las salvaguardas bilaterales como mecanismo de protección para las importaciones de cualquiera de los dos países que eventualmente produzcan daños a los productores locales. La reunión será en Rio de Janeiro, el 25 de enero. Hacia allí viajarán funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores; el secretario de Relaciones Económicas Internacionales, Alfredo Chiaradía; el subsecretario de Integración Económica, Eduardo Sigal, y por el Ministerio de Economía, el secretario de Industria, Alberto Dumont.
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La fecha y el lugar del encuentro fueron establecidos ayer en una reunión en el Palacio San Martín, la sede de la Cancillería argentina, mantenida entre los negociadores de los dos países, y en donde por la Argentina estuvo presente el vicecanciller, Jorge Taiana, y por Brasil, el secretario general del Ministerio de Relaciones Exteriores, Samuel Pinheiro Gumaraes (que también estará en Rio como principal negociador).
La reunión había sido reclamada, casi como un ultimátum, por el ministro de Economía, Roberto Lavagna, en noviembre del año pasado. En principio, la discusión sobre las salvaguardas iba a ser en Ouro Preto, en la segunda semana de diciembre, durante la cumbre de presidentes del Mercosur. Sin embargo, como las expectativas de las negociaciones no eran optimistas, se resolvió dejar el debate para 2005.
En realidad, la idea de Lavagna era que Brasil acepte que la Argentina aplique salvaguardas (vía cupos o aranceles) para ciertos rubros como los electrodomésticos (línea blanca), calzados y los textiles, pero de manera unilateral.-Brasil contraatacó asegurando que aceptaría las salvaguardas, pero utilizándolas también como instrumento de protección contra los ingresos argentinos de arroz, ajo, jugos, maíz y cebolla. Al llegar a ese punto, los dos gobiernos eligieron suspender las discusiones y ensayar salidas diferentes.
Según datos de la Cancillería argentina, Brasil ofrecería continuar sin reglamentar las salvaguardas que reclamó Lavagna, y a cambio diseñar mecanismos de financiamiento para los sectores argentinos con problemas a partir de créditos provenientes del Banco Nacional de Desarrollo (BNDES), de Brasil. Estos fondos tendrían un interés subsidiado por los dos gobiernos y mientras dure el período de «reconversión», automáticamente las exportaciones desde Brasil se suspenderían. Pasado un período (aproximadamente dos años), las fronteras volverían a abrirse y no habría más ayuda para el sector en problemas.
Las primeras reacciones extraoficiales ante esta propuesta son negativas, con lo cual, si efectivamente éste es el ofrecimiento brasileño, la reunión de Rio de Janeiro no sería exitosa.
En la actualidad, la Argentina aplica restricciones a los electrodomésticos de la línea blanca brasileña, bajo la forma de licencias no automáticas, que en la práctica son trabas burocráticas. Del lado brasileño, los industriales mantienen una fuerte presión sobre el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva para que no acepte las presiones argentinas, y que el Mercosur permanezca sin aplicar trabas de ningún tipo. Los sectores manufactureros brasileños, sobre todo los residentes en San Pablo, argumentan que la Argentina mantuvo durante ocho años consecutivos superávit comercial con Brasil y que recién cuando la balanza cambió comenzaron las protestas. Afirman, además, que la clave de una unión aduanera, como pretendería ser el proyecto Mercosur, no acepta este tipo de medidas.
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