Volatilidad llevada al mínimo posible, surcando aguas abajo del cierre anterior, recomponiendo las filas para terminar en niveles aceptables y -en tanto- seguir aguardando. El entretenimiento de la liquidación de «opciones», con ejercicios haciendo algo más de $ 16 millones, con certificados llevando menos de $ 5 millones. Y las acciones dentro de sus niveles de velocidad de crucero. Nada quebró la tensa calma, lo que parece casi un «logro», después de aquella rueda muy maltratada en las bajas y con 3,5% de caída. Se marcó un escalón bajista, diente del «serrucho» de los grafistas, y esto no se ha podido remontar, aunque tampoco se profundizó. Tal parece que la modesta meta es no caerse de los «700» puntos, ganar tiempo y mimetizarse con la misma estrategia de nuestros gobernantes: mantener todo difuso, irritar con no resolver nada y desmentirse mutuamente. ¿Qué otra cosa puede hacer una inversión que sólo refleja el entorno? Eso.
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Los desplazamientos estuvieron aunados en la banda de uno a dos por ciento, en todas las líderes, una posición de «mantener», o de arrojar ventas que puedan asimilarse. El fondo no es convidador, esto es lo evidente, los refuerzos a la defensa es lo que ha privado. Quedaba la carta de culpar a los ejercicios de opciones, pero son dudas razonables pensar que lo que no existe es un interés por el activo de riesgo y que la corriente tomadora, que supo aparecer hasta junio, se ha quedado sin suministros. Todo volvió a la monotonía, procurando sostenerse en esta posición hasta que aclare.
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