27 de febrero 2001 - 00:00

La crisis turca puede dejar sin crédito a la Argentina

San Pablo (Bloomberg) -¿ Me afectará a mí el derrumbe de la moneda de Turquía? Es probable que ésa haya sido la pregunta más frecuente la semana pasada de quienes invierten en América latina. La respuesta más frecuente de sus bien remunerados analistas y banqueros de Wall Street habrá sido otra pregunta: ¿Por qué habría de afectarle?

Cuidado cuando alguien le responde a una pregunta con otra pregunta. Eso hace pensar que su interlocutor carece de una respuesta decente, o que no sabe qué decir.

La idea de que los problemas turcos no tienen por qué afectar al inversor en América latina se basa en que la economía y los mercados financieros de Turquía tienen pocos nexos con la región latinoamericana. Así que cuando la moneda de Turquía se viene abajo, no debería tener mucho efecto en América latina.

El problema es que esta lógica ha resultado incorrecta al menos siete veces en los últimos siete años durante colapsos financieros en México, Tailandia, Corea, Indonesia, Rusia y Brasil, y en una crisis, que aún bulle a fuego lento, en la Argentina. Cada vez les dijeron a los inversores en América latina que las crisis en otros lugares, incluso dentro de su propia región, no repercutirían mucho en sus inversiones en otros países. Y cada vez las crisis tuvieron un gran efecto, en ciertos casos, desastroso.

De modo que es asombroso que analistas y consejeros de inversiones sigan saliendo con el argumento de «por qué habría de afectarle».Y más asombroso aún es que los inversores se lo sigan creyendo.

Las nuevas sobre la devaluación turca sí aporrearon las acciones, los bonos y las divisas de América latina la semana pasada, aunque muchos mercados comenzaron a recuperarse el viernes. Los optimistas de Wall Street se apresuraron a atribuirles la liquidación a los inversores que súbitamente decidieron tomar sus ganancias, en vez de al miedo a un contagio financiero. Esto es como decir que una familia sale corriendo de su casa porque el aire afuera le parece más fresco en vez de porque huele humo y le teme al fuego.

Turquía podrá no tener muchos lazos con América latina, pero los bancos e inversores que le prestan miles de millones de dólares a Turquía ciertamente los tienen.
Son muchas de las mismas instituciones y personas que también le prestan a América latina.

Si la crisis monetaria turca se ahonda, lo que parece muy probable, estos inversores tendrán que afrontar el incumplimiento del pago de enormes deudas y la amortización de esos activos fallidos. Entonces, es probable que hagan dos cosas: prestar menos dinero a otras naciones en desarrollo, como las de América latina, y vender sus inversiones rentables en lugares como México, la Argentina y Brasil, para compensar sus pérdidas en Turquía.

Es cierto que Turquía representa sólo un pequeño porcentaje de la mayoría de los índices contra los cuales se juzga el desempeño y las bonificaciones de fin de año de los gestores de fondos que invierten en naciones en desarrollo, mientras que países como la Argentina representan hasta una cuarta parte de estos índices. Por tanto, dirían los optimistas, la venta de activos latinoamericanos para compensar pérdidas turcas debería ser mínima.

Pero uno tiene que preguntarse qué sucede cuando los bancos a los que Turquía debe más de $ 40.000 millones por concepto de préstamos, según estimara el Banco de Pagos Internacionales, tienen que encarar súbitamente unas enormes amortizaciones de fallidos porque el gobierno y las compañías turcas no pueden pagar sus deudas.

Además, casi todos los analistas saben que hay mucha menos especulación y apalancamiento en los mercados para las acciones y los bonos de naciones en desarrollo ahora que lo que había cuando Rusia devaluó su moneda en 1998. Estas posiciones especulativas, tales como la del fondo de cobertura
Long Term Capital Management, aceleraron y exacerbaron las repercusiones globales de la devaluación rusa. Esto sería consolador si no fuera por el hecho de que la devaluación turca surge en un momento en que los inversores por todo el mundo están reconsiderando cuánto exponerse al riesgo.

Los indicios crecientes de que los Estados Unidos podrían encaminarse hacia una desaceleración económica significativa han hecho que muchos inversores que podrían haber comprado muchos bonos mexicanos o argentinos el año pasado o el antepasado compren menos o ninguno.

Para mayor pesadumbre, el viernes se produjo la mayor caída del dólar contra el euro en seis semanas. Después están los tenaces problemas económicos y financieros del Japón, otra de las mayores economías del mundo. La semana pasada, Standard & Poor's rebajó la calificación del crédito soberano japonés a largo plazo a «AA+», de la calificación máxima de «AAA».

La liquidación de valores del mercado de naciones en desarrollo que hubo la semana pasada, después de la devaluación turca,
«es indicio de que la gente está preocupada por el ambiente global en general», y no sólo por Turquía, comenta Simon Nocera, gestor de inversiones en bonos de mercados emergentes para Dresdner RCM Global Investors en San Francisco.

Aún está por subir el telón para
el segundo acto del colapso financiero de Turquía. El gobierno y las entidades privadas del país casi seguramente van a tener dificultades para pagar sus deudas denominadas en divisas extranjeras, lo que disminuirá aun más el interés en las inversiones en las naciones en desarrollo.

Una contracción crediticia global en ciernes afectará a los mayores deudores de Amé-rica latina, como México, Brasil y la Argentina
, porque los forzará a subir sus tasas de interés para atraer a los inversores, al tiempo que los Estados Unidos están bajando sus tipos. Uno de los países más vulnerables a una contracción del mercado de capitales es la Argentina, que pugna denodadamente por convencer a inversores cada vez más escépticos de que puede hacer que su economía crezca lo suficiente para pagar sus deudas. De modo que sí, preocúpense por Turquía.

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