La crisis turca puede dejar sin crédito a la Argentina
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Cuidado cuando alguien le responde a una pregunta con otra pregunta. Eso hace pensar que su interlocutor carece de una respuesta decente, o que no sabe qué decir.
El problema es que esta lógica ha resultado incorrecta al menos siete veces en los últimos siete años durante colapsos financieros en México, Tailandia, Corea, Indonesia, Rusia y Brasil, y en una crisis, que aún bulle a fuego lento, en la Argentina. Cada vez les dijeron a los inversores en América latina que las crisis en otros lugares, incluso dentro de su propia región, no repercutirían mucho en sus inversiones en otros países. Y cada vez las crisis tuvieron un gran efecto, en ciertos casos, desastroso.
Turquía podrá no tener muchos lazos con América latina, pero los bancos e inversores que le prestan miles de millones de dólares a Turquía ciertamente los tienen. Son muchas de las mismas instituciones y personas que también le prestan a América latina.
Pero uno tiene que preguntarse qué sucede cuando los bancos a los que Turquía debe más de $ 40.000 millones por concepto de préstamos, según estimara el Banco de Pagos Internacionales, tienen que encarar súbitamente unas enormes amortizaciones de fallidos porque el gobierno y las compañías turcas no pueden pagar sus deudas.
Además, casi todos los analistas saben que hay mucha menos especulación y apalancamiento en los mercados para las acciones y los bonos de naciones en desarrollo ahora que lo que había cuando Rusia devaluó su moneda en 1998. Estas posiciones especulativas, tales como la del fondo de cobertura Long Term Capital Management, aceleraron y exacerbaron las repercusiones globales de la devaluación rusa. Esto sería consolador si no fuera por el hecho de que la devaluación turca surge en un momento en que los inversores por todo el mundo están reconsiderando cuánto exponerse al riesgo.
Los indicios crecientes de que los Estados Unidos podrían encaminarse hacia una desaceleración económica significativa han hecho que muchos inversores que podrían haber comprado muchos bonos mexicanos o argentinos el año pasado o el antepasado compren menos o ninguno.
Para mayor pesadumbre, el viernes se produjo la mayor caída del dólar contra el euro en seis semanas. Después están los tenaces problemas económicos y financieros del Japón, otra de las mayores economías del mundo. La semana pasada, Standard & Poor's rebajó la calificación del crédito soberano japonés a largo plazo a «AA+», de la calificación máxima de «AAA».
La liquidación de valores del mercado de naciones en desarrollo que hubo la semana pasada, después de la devaluación turca, «es indicio de que la gente está preocupada por el ambiente global en general», y no sólo por Turquía, comenta Simon Nocera, gestor de inversiones en bonos de mercados emergentes para Dresdner RCM Global Investors en San Francisco.
Aún está por subir el telón para el segundo acto del colapso financiero de Turquía. El gobierno y las entidades privadas del país casi seguramente van a tener dificultades para pagar sus deudas denominadas en divisas extranjeras, lo que disminuirá aun más el interés en las inversiones en las naciones en desarrollo.
Una contracción crediticia global en ciernes afectará a los mayores deudores de Amé-rica latina, como México, Brasil y la Argentina, porque los forzará a subir sus tasas de interés para atraer a los inversores, al tiempo que los Estados Unidos están bajando sus tipos. Uno de los países más vulnerables a una contracción del mercado de capitales es la Argentina, que pugna denodadamente por convencer a inversores cada vez más escépticos de que puede hacer que su economía crezca lo suficiente para pagar sus deudas. De modo que sí, preocúpense por Turquía.




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