El presidente Néstor Kirchner y el gobernador Felipe Solá, por las calles de París en el primer día de la gira.
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Hoy Kirchner se verá con Chirac, al cabo de casi un año y medio de su primer encuentro, el 16 de julio de 2003. La relación entre ambos no se modificó desde aquella oportunidad, razón por la cual hay que pensar que empeoró. A tal punto que las dos cuestiones que se hablarán hoy en el Elíseo son la negociación de la deuda pública y las garantías que ofrece la Argentina a las inversiones extranjeras. Esto último significa, para los franceses, cuándo se ajustarán los ingresos de las compañías de servicios públicos, afectados por la pesificación asimétrica.
Chirac sí parece saber qué quiere del encuentro. Indagará a Kirchner sobre la reestructuración de la deuda pública, en pleno proceso de transacción. Encontrará a un colega afilado, enterado de este trance al detalle y que suele decir a sus amigos: «De la política se entra y se sale pero si no resolvemos este conflicto con los bonistas estaremos jugando buena parte de nuestro mandato». ¿Habrá entonces una mejora de la oferta en el momento oportuno? Sería candoroso esperar que alguien adelante ese dato, que se convertiría en una especie de gol en contra para el gobierno.
Chirach alentará que se realice un acuerdo. No por ser hijo de banqueros. Lo pondrá en términos generales, hablando de la inserción de la Argentina en el mundo global. Hasta puede insinuar un elogio del multilateralismo, arista en la que puede convivir con Kirchner a pesar de estar los dos en colores distintos del tablero: no sólo porque el argentino se inclina hacia un brumoso centroizquierda, sino también porque el francés es antinorteamericano.
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