Lamentablemente, habrá que aguardar -digamos- hasta el viernes para ver si lo acontecido ayer fue un cambio de tendencia o un mero "ajuste" luego de la "malaria" de la última semana. Es cierto que el movimiento conjunto que tuvieron todos los activos da idea de un vuelco general a favor del sentido que se puede suponer que espera la mayoría de los inversores, pero los bajos volúmenes negociados (típicos de las fechas previas a las reuniones del Comité Abierto de la Reserva Federal que se reúne hoy y mañana), con apenas 1.300 millones de papeles transados en el NYSE y 1.500 millones en el NASDAQ, restan firmeza a cualquier idea. De todas formas, es claro que el desplome del crudo (bajó 3,9% a u$s 58,20 por barril, la mayor caída desde el 29 de abril), aun sin ninguna razón evidente, aunado al salto del informe del Conference Board sobre la confianza de los consumidores -que se situó inesperadamente en el punto más elevado en tres años-, sirvió como catalizador para que el Promedio Industrial trepara 1,12%, a 10.405,63 puntos. Este cuadro del ajuste termina de componerse con la suba de la tasa de los treasuries de 10 años a 3,974% (lo más llamativo para muchos es que no tocó 4%) y el retroceso del yen a 109,96 por dólar y el del euro a u$s 1,2060. Sin dudas que es difícil no alegrarse al ver a las acciones ganar terreno, al dólar afirmarse, a las tasas buscando la "normalidad" y a los commodities bajar, pero, como siempre, conviene no adelanterse a los hechos. Después de todo, no por nada el precio del petróleo trepó en el "after hours" a u$s 59,6 por barril. Consejo, más cuidado que nunca.
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