16 de octubre 2008 - 00:00

La Navidad apunta a ser la más pobre

La Navidad apunta a ser la más pobre
Para algunos fueron dos, pero preferimos pensar que no alcanzó al día y medio el descanso que nos dio el mercado, antes de reanudar su camino descendente. No es que el plan del gobierno no funcione; de hecho, hoy podemos decir que el colapso del sistema financiero ha sido evitado y que se redujo notablemente la chance que el Citigroup -sólo para citar un ejemplo- vaya a quebrar de manera inminente. Lo que pasa es que el plan sólo atiende uno de los tentáculos de la crisis. El anuncio de que las ventas minoristas experimentaron el último mes la mayor caída en tres años, el Beige Book, las palabras de la gobernadora de la Fed de San Francisco afirmando que el país ya se encuentra en recesión (aunque la voz oficial del gobierno aún no confirma los dos trimestres consecutivos de caída en el PBI) o las del presidente de la Fed recordando que la calma en los mercados financieros no generara "per se" ninguna recuperación económica, giran todas en torno a lo que más preocupa a los inversores.

Con 7,87% que retrocedió ayer el Dow (la mayor baja desde el crack del 87, y una pérdida de riqueza de más de un billón de dólares, equivalente a la mitad de toda la plata comprometida globalmente en el rescate financiero) al cerrar en 8.577,91 puntos, debemos decir que el mercado está "barato" (el S&P 500 "vale" 11 años de ganancias), pero hoy esto no significa nada. A pesar de que el Banco Central Europeo, el de Inglaterra y el de Suiza inundaron sus plazas con dólares, la Libor 3 meses apenas retrocedió 0,09, a 4,55% y el diferencial TED con los bonos del Tesoro continúa en niveles cercanos a los de la semana pasada (3,34%).

Si quisiéramos apuntar sobre algún dato positivo pensando en hoy, éste podría ser la baja del volumen negociado o la concentración de las ventas en la última hora de operaciones (refleja actividad institucional). Es cierto que hay temor, pero no es pánico (Coca-Cola subió merced a sus buenas ventas). Lo que hay es desazón, algo que se reflejó ayer en las lágrimas de muchos operadores, tal vez pensando en lo triste que apunta a ser la próxima Navidad.

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