Da la sensación que de a poco la normalidad (si es que existe tal cosa) vuelve al mercado. Por ejemplo, el curioso comportamiento que tuvieron lo volúmenes durante la primera parte de la semana pasada, cuando se operaban de manera consistente muchos más papeles en el NYSE que en el NASDAQ, se revirtió en la última rueda, volviendo a eso que llamamos "normalidad". Otra de las cosas que caracterizaron esta última rueda, fue que el tema de la guerra estuvo ausente en la boca de los inversores mucho más preocupados, por los números que están reportando las empresas cotizantes. Con muy poca confianza en que la economía se recupere de manera inmediata y ostensible, las apuestas están colocadas de manera puntual a los distintos balances. Si bien los resultados de la semana que acaba de terminar pueden dar idea de cierto optimismo en este sentido, ya que el Dow trepó 1,6% (lo ocurrido el jueves fue responsable de 0,97% al trepar el Promedio a 8.337,65 puntos), el S&P 500, 2,9%, y el NASDAQ un más interesante 4,9%, no deja de haber cierto nerviosismo a lo que pueda ocurrir en los próximos cinco días cuando un tercio de los integrantes del S&P dan a conocer sus resultados. Si bien hasta ahora se puede decir que los números han sido favorables, no hay que olvidar que apenas se están superando las previsiones de ganancias mínimas que computaban los analistas y que una leve brisa podría mandarnos al lado negativo (hasta ahora los buenos números se han logrado mayoritariamente gracias a los recortes de gastos de las empresas y no a mayores ganancias). El resultado de esto es que se está apostando al muy corto plazo, con las ventajas y desventajas que esto tiene.
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