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Además, el ejecutivo griego acepta que la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional, continúen la supervisión de Grecia durante el periodo en que reciba asistencia financiera, y además se compromete a no tomar acciones unilaterales.
Así se dice en la carta que el ministro griego de Finanzas, Yanis Varufakis, envió ayer al jefe del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, filtrada hoy a los medios.
En la misiva de solicitud de ampliación del programa de asistencia, en la que no utiliza la palabra troika, Varufakis señala que durante los seis meses de la prorroga Grecia acepta una "supervisión" de la Unión Europea y del Banco Central Europeo así como, con el "mismo espíritu", del Fondo Monetario Internacional.
Al mismo tiempo, garantiza que se abstendrá "de tomar medidas unilaterales que menoscaben las metas fiscales, la recuperación económica y la estabilidad financiera".
También evita dar una cifra para el objetivo del superávit primario, que Grecia quiere en principio revisar en al 1,5 % del producto bruto interno (PBI), del 3% previsto para este año.
En cambio, el texto afirma que se acordarán condiciones financieras y administrativas mutuamente aceptables y que su aplicación, en colaboración con las instituciones, deberán servir para estabilizar la situación fiscal de Grecia y "alcanzar unos superávit fiscales primarios adecuados".
Este acuerdo tiene como objetivo darle más tiempo al ejecutivo heleno para presentar a la zona euro un "nuevo contrato para la reactivación y el crecimiento" en el período 2015-2019, siempre según la fuente gubernamental griega.
La propuesta griega fue mal recibida en Alemania, primera economía de la zona euro. El ministerio alemán de Finanzas consideró en un comunicado que "no es una propuesta de solución sustancial" y "no responde a los criterios" de la zona euro.
En cambio, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, se mostró mucho más conciliador respecto a la propuesta griega, que calificó de "señal positiva" que "abre la vía a un compromiso razonable" .
Los responsables de la zona euro deben ahora estudiar el contenido preciso y cifrado de esta propuesta para determinar si está en línea con sus exigencias. En particular, las de Alemania, que insiste en el cumplimiento del plan de ayuda en curso y del último paquete de reformas y medidas de austeridad que incluye.
El miércoles, el ministro griego de Finanzas Yanis Varoufakis se había mostrado optimista."Estamos en la buena vía (...) Nuestra propuesta será escrita de tal manera que convendrá a la parte griega y a la dirección del Eurogrupo", había anticipado.
Sin embargo, tras el debate semántico sobre la extensión del "préstamo" o del "plan o programa", se esconde una verdadera divergencia de fondo: Grecia quiere una prolongación de su financiación, con algunas condiciones, pero sus socios europeos -en especial Alemania- insisten en basarse en el programa actual, con sus contrapartidas de austeridad.
Atenas no quiere aplicar la última serie de medidas de austeridad del "memorando" que termina a fines de febrero, entre ellas una subida del IVA o una flexibilización del derecho laboral.
Pero la presión es sumamente fuerte por parte de Alemania, guardiana de la ortodoxia. "La solidaridad no va en sentido único" advirtió la canciller Angela Merkel, el miércoles por la noche en una reunión electoral.
Para Berlín una extensión de la ayuda es "indisociable" de la realización de reformas previstas en el acuerdo firmado con Grecia en 2010 y renovado en 2012, según insistió esta semana un portavoz del gobierno alemán.
El comisario europeo de Asuntos europeos, Pierre Moscovici, que ejerce de "mediador" se declaró convencido de que hay "margen de maniobra", "Es muy importante que hagamos los esfuerzos necesarios para evitar una ruptura que sería absurda y dañina para todos" en la zona euro, alegó.
En fin, Tsipras prevé someter este jueves al parlamento griego una serie de leyes sociales para aliviar la crisis humanitaria del país.
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