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La tasa de desempleo se mantuvo estable en la zona euro, en el 11,3%, pese a que hay 36.000 desempleados menos que en febrero.
"Es la caída más modesta desde noviembre", dice Howard Archer, del IHS Global Insight. Schulz recuerda por su parte que "a este ritmo, se necesitan 14 años para recuperar el nivel de antes de la crisis".
El desempleo y la inflación están vinculadas: un desempleo alto incita a los empleadores a mantener la presión en los salarios, y es sinónimo de un poder de compra limitado para los particulares. Lo que a su vez repercute en el consumo y los precios.
Al ritmo actual, la caída del desempleo es "demasiado lenta para repercutir en los salarios en un futuro próximo", resume Jonathan Loynes, de Capital Economics.
Otra señal poco alentadora es que la inflación subyacente, que no tiene en cuenta los precios más volátiles como los de la energía y la alimentación, es "estable en su techo de 0,6%". El sector de los servicios en particular, con una inflación del 0,9%, registra un "bajo histórico", resalta el analista.
"En resumen, es un alivio que el episodio de la deflación haya sido más corto de lo que se temía. Pero podría volver si los precios del petróleo y de las materias primas vuelven a caer", advierte.
El BCE no debe reducir sus esfuerzos, estiman los economistas. "El principal mensaje procedente del BCE en este momento es que no contempla poner fin de forma anticipada a su programa de expansión cuantitativa pese a las señales de mejora de la actividad", dice Howard Archer, que prevé una aceleración del crecimiento del 0,5% en el primer trimestre frente al 0,3% del cuarto trimestre de 2014.
El presidente del BCE, Mario Draghi, se expone a "interrogantes crecientes sobre la necesidad o no de proseguir el programa de expansión cuantitativa en el segundo semestre", dice Teunis Brosens, de ING. Pero el banco central, escaldado por varias acciones frustradas estos últimos años, "debería mostrarse prudente" antes de contemplar cerrar el grifo de la liquidez, predice.



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