13 de julio 2026 - 17:04

Por la suba de costos, el negocio de la música en vivo busca un nuevo equilibrio tras el boom pospandemia

La industria global de los conciertos y festivales dejó atrás la euforia de los últimos años para ingresar en una etapa de mayor prudencia. Cómo está cambiando uno de los segmentos más dinámicos del entretenimiento mundial.

El Lollapalooza Argentina se convirtió en un clásico de la música en vivo en el país.

El Lollapalooza Argentina se convirtió en un clásico de la música en vivo en el país.

Según un relevamiento reciente, esta industria atraviesa un proceso de normalización luego de la extraordinaria demanda acumulada durante los años de restricciones sanitarias. El panorama ahora empieza a moderarse mientras aumentan las presiones sobre la rentabilidad de artistas, productores y organizadores.

El fenómeno queda reflejado en el informe "Live Music 2026", elaborado por la consultora internacional Luminate Intelligence, que analiza la evolución de la industria global de conciertos y festivales y concluye que el sector continúa creciendo, aunque enfrenta desafíos cada vez más complejos para sostener ese impulso.

El estudio señala que durante los últimos años comenzaron a multiplicarse las noticias sobre cancelaciones de giras de artistas reconocidos debido a la baja venta anticipada de entradas, un fenómeno que en Estados Unidos ya recibió el nombre de "blue dot fever", en referencia a los puntos azules que aparecen en los mapas de las principales ticketeras indicando asientos disponibles.

Sin embargo, el informe advierte que interpretar esas cancelaciones como un síntoma de debilidad generalizada puede inducir a error. La industria continúa registrando cifras históricas tanto en asistencia como en facturación, aunque el contexto económico obliga a replantear estrategias comerciales y modelos de producción.

La principal diferencia respecto de los años inmediatamente posteriores a la pandemia es que la demanda extraordinaria dejó de crecer al mismo ritmo, mientras que los costos operativos siguieron aumentando.

El resultado es un mercado mucho más exigente, donde llenar un estadio o garantizar la rentabilidad de un festival requiere una planificación mucho más precisa que hace apenas dos o tres temporadas.

Las perspectivas de largo plazo, de todos modos, continúan siendo favorables. Según las proyecciones citadas por Luminate, elaboradas por Goldman Sachs, los ingresos globales del negocio de la música en vivo alcanzarían los u$s67.100 millones en 2035, frente a aproximadamente u$s40.500 millones de 2025.

En Estados Unidos, por su parte, Morgan Stanley proyecta que el mercado superará los u$s14.000 millones en 2028, consolidando una tendencia de crecimiento que se mantiene firme pese a la mayor incertidumbre económica.

Cómo se siente el fenómeno en América latina

Según la plataforma The Dark Melody, este 2026 se está consolidado como un año con un auge sin precedentes de espectáculos en vivo en América latina, pese a las señales de desaceleración. La región pasó de depender de un calendario tradicional de festivales europeos exclusivo del verano, a establecer su propio circuito regional masivo.

En el caso específico de Argentina , los analistas mencionan factores económicos y financieros que influyen en este fenómeno, como las mayores facilidades de acceso al dólar, ya que las productoras locales ya no enfrentan las restricciones cambiarias del pasado para girar los pagos en dólares a los artistas extranjeros.

Por otro lado, citan la previsibilidad de costos, asociada a una mayor estabilidad económica, que permite fijar precios de entradas estables a largo plazo, reduciendo el riesgo financiero de los organizadores.

También se menciona la profusión de festivales masivos en la región (como las ediciones de Lollapalooza, Rock in Rio o festivales de metal en Chile y Brasil) que justifican el traslado de grandes estructuras de producción desde el hemisferio norte.

Finalmente, los informes destacan las nuevas plazas del interior. Además de Buenos Aires, ciudades como Córdoba y Rosario se consolidaron como paradas habituales, aumentando el volumen de tickets vendidos por gira.

El crecimiento sigue, pero pierde impulso

No obstante, las mismas consultoras advierten que esa expansión no estará exenta de riesgos. A medida que los mercados emergentes ganen peso dentro del negocio global, los costos de producción continúen aumentando y los consumidores alcancen su límite de tolerancia frente a entradas cada vez más caras, la tradicional resistencia del sector frente a los ciclos económicos podría comenzar a debilitarse.

En otras palabras, el crecimiento continuará, pero probablemente ya no con la misma facilidad que caracterizó a los primeros años posteriores al Covid-19.

Las cifras de las principales giras internacionales ilustran con claridad ese cambio de escenario. Los 100 tours más importantes del mundo volvieron a generar durante 2025 ingresos cercanos a u$s9.100 millones, prácticamente el mismo nivel alcanzado en 2024, mientras que la asistencia también permaneció estable en torno de 69,5 millones de espectadores.

El dato más llamativo es que el precio promedio de las entradas descendió levemente respecto del año anterior, ubicándose en u$s127,17, después del récord de u$s130,36 registrado en 2024.

Comparativao anual de recaudación, asistentes y precios de tickets en giras internacionales.

Comparativao anual de recaudación, asistentes y precios de tickets en giras internacionales.

Aunque sigue siendo uno de los valores más elevados de toda la serie histórica, esa baja refleja que los promotores comenzaron a ajustar sus políticas de precios para evitar una caída mayor en la demanda.

Incluso con esa moderación, la industria continúa muy por encima de los niveles previos a la pandemia. Comparado con 2019, tanto la facturación como la asistencia de las principales giras internacionales mantienen incrementos muy significativos, lo que demuestra que el interés del público por la experiencia de la música en vivo sigue siendo elevado.

El precio de las entradas como factor clave

El estudio sostiene que el desafío consiste ahora en sostener ese entusiasmo sin seguir trasladando todos los mayores costos al precio final de las entradas. Los propios consumidores parecen estar enviando señales contradictorias, según el informe de Luminate.

Por un lado, el precio de las entradas continúa siendo el principal obstáculo para asistir a conciertos y festivales. Más de la mitad de los encuestados sigue mencionándolo como la principal barrera para participar de eventos musicales.

Sin embargo, esa preocupación comenzó a disminuir respecto de los dos años anteriores, especialmente entre los jóvenes. Entre la población general estadounidense, quienes consideran que el costo constituye un impedimento pasaron del 59% en el primer trimestre de 2024 al 53% en igual período de 2026. La reducción fue todavía más marcada entre los integrantes de la Generación Z, donde ese porcentaje cayó del 75% al 57%.

La explicación se encuentra en la creciente valoración que los consumidores asignan a la experiencia presencial. Mientras disminuye la sensibilidad frente al precio, aumenta la percepción de que asistir a un concierto representa una inversión que vale la pena realizar.

Según el informe, quienes consideran que los conciertos ofrecen una buena relación entre costo y experiencia pasaron del 73% al 78% entre 2024 y 2026, mientras que la valoración positiva de los festivales avanzó del 74% al 82% durante el mismo período.

Para muchos fanáticos, el espectáculo dejó de ser simplemente un evento recreativo para convertirse en una experiencia emocional difícil de reemplazar por otras formas de entretenimiento.

Al mismo tiempo, la frecuencia con la que los asistentes concurren a conciertos continúa aumentando. El estudio detectó que, aunque la cantidad total de personas que asiste al menos a un espectáculo permanece relativamente estable, crece el grupo de quienes concurren a tres o cuatro conciertos por año, en detrimento de aquellos que sólo participan de uno.

El fenómeno aparece impulsado principalmente por la Generación Z, cuyos integrantes no sólo mantienen un fuerte vínculo con la música sino que además desarrollan comportamientos propios de los llamados "superfans".

Se trata de consumidores que destinan una proporción mucho mayor de sus ingresos al entretenimiento musical y que participan activamente en múltiples actividades relacionadas con sus artistas favoritos.

Esa transformación también modifica el perfil económico del público. Los asistentes habituales a conciertos y festivales presentan, en promedio, ingresos superiores a los de la población general, consumen más horas de música cada mes y destinan aproximadamente el doble de dinero a actividades vinculadas con la industria musical.

Dentro de ese universo predominan especialmente los Millennials, aunque el informe advierte que la Generación Z comienza a desplazar progresivamente a ese segmento como principal motor del negocio.

La revalorización de la experiencia en vivo

Uno de los cambios más interesantes detectados por Luminate aparece precisamente entre los consumidores más jóvenes. Mientras en generaciones anteriores hombres y mujeres presentaban comportamientos relativamente similares respecto de la asistencia a conciertos, entre los integrantes de la Generación Z las mujeres muestran una participación significativamente mayor tanto en los espectáculos a los que ya asistieron como en aquellos que planean presenciar durante los próximos doce meses.

El informe vincula esa diferencia con el enorme éxito comercial de artistas como Taylor Swift, Beyoncé, Olivia Rodrigo, Sabrina Carpenter, BTS y Ed Sheeran, cuyos públicos presentan una fuerte presencia femenina y que lideraron algunas de las giras más exitosas de los últimos años.

Otro fenómeno que gana relevancia es el denominado turismo musical. Frente al elevado precio de las entradas en determinadas ciudades, muchos fanáticos comenzaron a descubrir que viajar para asistir a un concierto puede resultar igual o incluso más económico que verlo en su lugar de residencia.

Esa tendencia impulsó un creciente movimiento internacional de espectadores que organizan viajes completos alrededor de un recital o un festival, generando beneficios adicionales para destinos turísticos que logran atraer grandes eventos musicales.

El informe cita como ejemplo el caso de Puerto Rico, donde el impacto de Bad Bunny, tanto por el éxito de su álbum como por su residencia artística en San Juan, contribuyó a impulsar un récord de 7,5 millones de visitantes durante 2025.

El dato apunta a mostrar cómo la música en vivo puede transformarse en un motor económico que trasciende ampliamente la venta de entradas para extenderse sobre hoteles, gastronomía, transporte y comercio local.

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