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27 de diciembre 2002 - 00:00

Lavagna, en privado, ya promete un bono

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El convenio es de corto alcance ya que no superará julio del año próximo. Consiste, básicamente, en una reprogramación de los vencimientos de deuda que facilitaría los desembolsos previstos por el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo. Sólo los compromisos asumidos por el Banco Mundial alcanzan a u$s 600 millones, cruciales para la financiación del programa Jefes y Jefas de Hogar del año próximo, además de otros 28 planes solventados con créditos de ese organismo.

El caso del BID es distinto. La repercusión del acuerdo salva a Enrique Iglesias de una situación embarazosa, dado que 18% de la cartera de créditos de ese banco está destinada a la Argentina, con lo que un default definitivo dañaría gravemente la calificación de los títulos de la entidad.



Esa sentencia seguirá negociándose, aunque ahora en la mesa Lavagna juegue con una carta menos: él nunca admitió ante los jueces lo que dicen haber escuchado los técnicos del Fondo y, sobre todo, Anne Krueger, la más reacia a sellar un entendimiento con la espada de Damocles judicial sobre el programa monetario y la situación de los bancos.

En cuanto al bono, la discusión sigue abierta. Los bancos se niegan taxativamente a solventar parte de su costo, como se había pensado en un primer momento en la Casa Rosada. Pero en Economía han comenzado a estudiar una fórmula que tampoco convence al sistema financiero. Consiste en que los depositantes reciban no un bono del Estado sino un certificado del banco que debe devolverle sus ahorros. El banco, a su vez, recibiría ese bono como respaldo para los certificados que entregue. A los bancos les puede resultar atractivo el formato sólo por una razón: la expectativa de canjear ese nuevo bono por títulos públicos de menor valor adquiridos en el megacanje.

Sin embargo hay otros aspectos de la operación que seducen poco a los bancos, entre ellos la distinta calificación, según la entidad emisora, que tendrían esos certificados.

La trama de compromisos cruzados establecidos entre Buenos Aires y Washington se fortaleció con algunas decisiones recientes y, en cambio, comenzó a aflojarse en otros puntos. Alfonso de Prat-Gay, en el Banco Central, resolvió ayer su primer set de medidas relevantes: normalizar algunos flujos financieros relativos a pagos de deudas privadas y cupos para compra de dólares, en línea con las recomendaciones que se venían realizando en la negociación.

En cambio en el Congreso se cayó uno de los requisitos que aparecieron en una de las últimas negociaciones con el Fondo, la eliminación de los programas de competitividad dispuestos por Domingo Cavallo con las facultades especiales que le otorgó el Congreso el año pasado.


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