No parece ser cierto que se tenga que estar reseñando el nivel del índice, al hacer piso dentro del día de ayer. Porque en ese punto, y cuando las aguas lo cubrían todo, el Merval alcanzó una cota de solamente «1.751» puntos y viniendo en una rodada que, verticalmente, los hacía desplomar desde los 1.924 puntos del cierre anterior: ergo, en una sola jornada estaba perforando dos centenas y pasando como un rayo por ambas. Conviene contar sobre el cierre definitivo de la rueda -antes que algún desprevenido se infarte-y mencionando que se clausuró en 1.833, unos 80 puntos arriba del mínimo. Claro que la diferencia porcentual volvió a resultar terrible, 4,7 por ciento (pero, llegó a estar arriba de 8 por ciento) y aumentando la cuenta regresiva del año a cifras durísimas de remontar. Todo por simple impresión, que era lo que ayer prevalecía en el ambiente y una vez que saltaron las agujas de todo instrumento, al adosar el volumen realizado y el punto de inflexión, acaso se puede encontrar un principio de rebote, en ciernes.
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Cabe mencionar que el gran culpable, el Dow, ayer logró concluir en un nivel neutro, y que el Bovespa pudo resumir lo suyo final, a sólo 2,6% de baja. La nota de la víspera vino de China: plegados al negativo y con más de 2 por ciento de rebaja.
Lo que queríamos agregar al repuntar en precios, tras salir de los mínimos, es que se hicieron 208 millones de pesos en órdenes para acciones. Una suma tan notable, como que apareció una corriente de «barrido» de posiciones y ensayando una limpieza profunda.
Siempre dependiendo de lo que siga pasando en Wall Street, lo de ayer pudo haber respondido al modelo clásico de: con precios en otra fuerte baja y volumen en fuerte aumento, se genera una reversión en la dirección del mercado.
En tal caso, también debería ser muy notoria si es que se disecó bastante el terreno. Una señal, una linterna, como para encontrar la salida del sótano. Y la Bolsa, procurando.
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