Podríamos decir que luego de cinco semanas consecutivas en suba que llevaron al Dow a rozar el máximo de los últimos cuatro años y medio, de la mano del alza en los precios de la energía (los pronósticos de muy bajas temperaturas para este invierno hicieron que el gas natural "volara" 20%) y algunos temores por el incremento del costo del dinero (la tasa pasó de 4,43% a 4,53% anual para treasuries a 10 años), el Promedio cerró viernes contra viernes perdiendo 0,5% (en la última sesión se marcó un retroceso de 0,32% a 10.877,51 puntos). Sin embargo, cuesta creer que esto alcance para explicar de manera completa la baja del mercado. Es que los datos de la macroeconomía que se conocieron a lo largo de las últimas cinco ruedas fueron inusualmente positivos, desde el crecimiento del PBI del último trimestre (4,3%) hasta la confianza de los consumidores, ventas minoristas, ventas de bienes durables, ventas de nuevas casas y el empleo no agrícola de noviembre. Sin embargo, los inversores parecieron no prestarles atención a estos informes. Puede argumentarse que 3,5% que ganó el Dow durante noviembre es motivo más que suficiente para el retroceso de los últimos días, pero si vemos que las acereras fueron la estrella de la semana trepando algunas casi 18%, que el sector de materiales básicos con 1,29% de mejora superó a todos los demás (petroleras casi sin cambios al cerrar el crudo apenas 1% arriba en u$s 59,32 por barril), que el oro trepó a u$s 503,3 la onza tocando el máximo en 20 años, podemos percibir que en los últimos días (máxime con el dólar trepando a u$s 1,17 por euro y 120,5 yens) hubo un cambio en el foco de las inversiones.
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