Tal vez lo más importante de lo ocurrido ayer para el mercado financiero no sea lo que pasó, sino lo que no pasó. Y lo que no pasó es que el conflicto (una manera "elegante" de llamar a la guerra) entre Rusia y Georgia disparara la típica estampida entre los inversores deseosos de encontrar algún refugio para sus ahorros. Dicho de manera más clara: en condiciones más "normales" el oro debiera haber subido de precio, mientras que ayer terminó desplomándose 4,2% a u$s 821,5 por onza (claro que el desplome no fue sólo para el metal amarillo, la plata se derrumbó 4,6%, y el cobre 1,2%), en tanto las acciones debieron de haber retrocedido, las europeas terminaron trepando al punto más alto de los últimos seis meses y en Nueva York el Dow avanzó 0,41 por ciento a 11.782,35 puntos y el NASDAQ ganó 1,07 por ciento.
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Antes de alegrarnos y pensar que lo ocurrido es una muestra de la madurez y la confianza de los mercados, vale la pena considerar que a lo mejor tuvimos un factor que pesó mucho más que una posible contienda militar: el temor a una recesión global. Esto es lo que explicaría mejor que nada que el precio del petróleo retrocediese 0,7 por ciento a u$s 114,45 por barril derrumbando a las empresas de energía y que al frente de las subas se posicionara el sector financiero (hubo mucho "olor" a cobertura y cierre de posiciones"). Con esto no queremos minimizar el horror de la nueva guerra, de hecho por alguna razón el dólar tocó el máximo en 5 meses frente al euro mientras la tasa a 10 años subió a 4 por ciento.
El problema es que hay cosas que parecen pesar más para los inversores que las cuestiones geopolíticas, lo que se evidencia con el más de 5 por ciento que perdió la Bolsa de Shangai, cuando muchos suponían que la mayor visibilidad que le daban las Olimpiadas atraería un sinnúmero de inversores.
Eventualmente y si la situación económica de base no mejora, la recesión y la guerra golpearan a las cotizantes. Mientras tanto lo que tenemos parece ser por encima de todo un proceso de ajuste que beneficia a algunos y perjudica a otros. A no confiarse.
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