12 de agosto 2008 - 00:00

Lo que más asusta no es otra guerra

Lo que más asusta no es otra guerra
Tal vez lo más importante de lo ocurrido ayer para el mercado financiero no sea lo que pasó, sino lo que no pasó. Y lo que no pasó es que el conflicto (una manera "elegante" de llamar a la guerra) entre Rusia y Georgia disparara la típica estampida entre los inversores deseosos de encontrar algún refugio para sus ahorros. Dicho de manera más clara: en condiciones más "normales" el oro debiera haber subido de precio, mientras que ayer terminó desplomándose 4,2% a u$s 821,5 por onza (claro que el desplome no fue sólo para el metal amarillo, la plata se derrumbó 4,6%, y el cobre 1,2%), en tanto las acciones debieron de haber retrocedido, las europeas terminaron trepando al punto más alto de los últimos seis meses y en Nueva York el Dow avanzó 0,41 por ciento a 11.782,35 puntos y el NASDAQ ganó 1,07 por ciento.

Antes de alegrarnos y pensar que lo ocurrido es una muestra de la madurez y la confianza de los mercados, vale la pena considerar que a lo mejor tuvimos un factor que pesó mucho más que una posible contienda militar: el temor a una recesión global. Esto es lo que explicaría mejor que nada que el precio del petróleo retrocediese 0,7 por ciento a u$s 114,45 por barril derrumbando a las empresas de energía y que al frente de las subas se posicionara el sector financiero (hubo mucho "olor" a cobertura y cierre de posiciones"). Con esto no queremos minimizar el horror de la nueva guerra, de hecho por alguna razón el dólar tocó el máximo en 5 meses frente al euro mientras la tasa a 10 años subió a 4 por ciento.

El problema es que hay cosas que parecen pesar más para los inversores que las cuestiones geopolíticas, lo que se evidencia con el más de 5 por ciento que perdió la Bolsa de Shangai, cuando muchos suponían que la mayor visibilidad que le daban las Olimpiadas atraería un sinnúmero de inversores.

Eventualmente y si la situación económica de base no mejora, la recesión y la guerra golpearan a las cotizantes. Mientras tanto lo que tenemos parece ser por encima de todo un proceso de ajuste que beneficia a algunos y perjudica a otros. A no confiarse.

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