«Hemos aprendido este año duramente lo que cuesta emprender atajos mágicos como escapatoria a los esfuerzos inevitables. El país descubrió duramente que esfuerzos de disciplina fiscal que eran modestos y reducidos hace siete meses se convirtieron en grandes sacrificios por no haber hecho con coraje y con decisión las cosas en el momento oportuno.» Ricardo López Murphy, lentamente, va haciendo pública cuál es su verdadera visión de la economía actual y lo malo que fue no haber aplicado el plan que quiso lanzar en su momento. Durante una cena realizada en la sede del Tiro Federal Argentino, López Murphy identificó tres planos donde transcurre la crisis: el institucional, el estratégico y el de gestión.
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En el primer caso identificó anoche a la clase política como la gran culpable de que no se realicen las reformas necesarias y la sensación «de que en la Argentina se puede faltar el respeto al gobierno de la ley». En el plano estratégico, afirmó que «es un mal endémico que ni haya un plan de largo plazo que justifique llevar a la población a un sacrificio permanente en el corto plazo».
Dentro de la crisis de gestión, criticó el «clientelismo político», cuando «lo que debiera importar en las designaciones es quién es más eficaz para llevar a cabo la tarea de administrar recursos escasos, evitar que los recursos se filtren para usos no deseados y castigar comportamientos corruptos».
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