7 de marzo 2003 - 00:00

Loser: FMI no cambió política económica para Latinoamérica

El FMI, blanco de duras críticas por la crisis económica que atraviesa América Latina, ha respondido a los cuestionamientos cambiando la forma pero no el contenido de las políticas que pregona en la región desde hace más de 20 años, señalaron varios expertos.

En algunos casos recientes, como en Uruguay y Bolivia, el Fondo incluso ha dado muestras de mayores exigencias fiscales que han despertado nuevas críticas.

"Los principios de política económica se mantienen", dijo a la AFP Claudio Loser, ex director para América Latina del FMI, y sostuvo que el FMI está exigiendo a las naciones mayores compromisos a cambio de sus créditos.

No obstante, admitió que en la institución existe una "sensibilidad respecto de temas políticos" que antes no existía, y que implica mayor flexibilidad en relación a "unos meses atrás".

Según Loser -que fue reemplazado por Anoop Singh tras la crisis económica de la Argentina- las relaciones entre el Fondo y América Latina se han enfriado, hay un acercamiento más "directo" entre ambas partes y las nuevas soluciones esbozadas para resolver la carga de la deuda sugieren que se permitirán más moratorias.

El ex jerarca del Fondo sostuvo asimismo que el gobierno estadounidense parece aproximarse a una modificación en su política de no involucrarse en las crisis regionales a raíz de los problemas que aparecieron en Brasil, Colombia y Uruguay.

Pero el FMI no hizo autocrítica y optó por buscar responsabilidades fuera de la institución.

"Atacado por manifestantes anti-globalización, políticos de países en desarrollo y economistas ganadores del Nobel, el FMI se ha convertido en el chivo expiatorio número uno. Pero los economistas del Fondo no son malvados, ni están siempre equivocados", afirmó el economista jefe del FMI, Kenneth Rogoff, en la edición de febrero de la revista Foreign Policy.

"Culpar al Fondo por la realidad de que cada país debe confrontar sus limitaciones presupuestarias es como culpar al Fondo por la gravedad", se defendió Rogoff.

"La agenda de reforma económica para América Latina no ha estado errada.
Ha sido demasiado estrecha y poco imaginativa", estimó por su lado el informe de política 2003 del Diálogo Interamericano, difundido esta semana en Washington.

Según este centro de análisis independiente, "para mejorar la calidad de vida, América Latina necesita reforzar y remodelar -no abandonar- su agenda de reformas".

No obstante, reconoció que si bien muchas partes de América Latina parecen y se sienten más prósperas que hace 10 años, "la mayoría de los ciudadanos no están en mejor posición económica hoy que hace una o dos décadas atrás".

"El escepticismo sobre la sabiduría económica prevaleciente también refleja la extendida percepción -y la frecuente realidad- de que las economías latinoamericanas han sido administradas injustamente, beneficiando a una minúscula minoría mientras la mayoría de la población queda más pobre", añadió.

Las reformas de mercado pregonadas por el FMI -y recopiladas a fines de los '80 en el denominado "Consenso de Washington", al que muchos se refieren hoy irónicamente como "Contencioso de Washington"- han dado pobres resultados y provocado la frustración de los latinoamericanos, pero su fracaso se debe a que fueron insuficientes y no a que estuvieran erradas, sostienen analistas.

Nancy Birdsall, ex vicepresidenta del BID y actual directora del Centro para el Desarrollo Global, dijo estar "desolada" por la región "ya que luego de grandes esfuerzos en los últimos 10 años para ser más disciplinados en términos de política fiscal y abrir sus economías, los beneficios han sido demasiado limitados".

Pero afirmó que las reformas fracasaron muchas veces no porque estuvieran erradas sino porque fueron "insuficientes".

Consultada tras el estallido de violencia en Bolivia en contra de un nuevo impuesto a los ingresos que dejó en febrero 33 muertos, Birdsall estimó que si bien el Fondo se ha sensibilizado un poco últimamente con respecto a las metas que demanda, debería "estar más en sintonía con las causas políticas y sociales a corto plazo asociadas a la reducción de déficits fiscales" y asegurarse de que impuestos y gastos sean repartidos de manera justa.

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