17 de marzo 2004 - 00:00

Lula interrumpió diálogo con Kirchner para unión deudores

Brasil no negociará la deuda con la Argentina. Lula sólo acepta mantener su propuesta de eliminar del cálculo de superávit exigible lo gastado en obra pública. Pero no alcanza para Kirchner, La Argentina sólo consiguió ayer en Rio de Janeiro una diplomática «Acta de Copacabana» que declara que la presión de organismos internacionales no puede limitar el crecimiento de los dos países. Es poco para un Kirchner que hace 15 días aspiraba a armar un frente común de deudores con Lula para renegociar la deuda pública. Para colmo, la cumbre no terminó bien. Lula se retiró a Brasilia antes de tiempo con la excusa oficial de atender a intendentes y una huelga de policías. Quedó vacío un almuerzo de gala en el lujoso Copacabana Palace, y el presidente argentino se fue con su comitiva a comer a un restorán. En realidad, Palocci, ministro de Economía, le recomendó a Lula interrumpir el diálogo comprometedor ya contra organismos internacionales de crédito y levantar anticipadamente la reunión. Kirchner terminó reuniéndose con el principal opositor de izquierda al brasileño, Anthony Garotinho. Sólo se avanzó en ese pedido sobre obras públicas. Habrá autopista del Mercosur, y Kirchner tendrá más trenes para comunicar el Norte con Brasil. Las obras conjuntas son del viejo plan del BID de 1998. Ahora, se trata de que aportes de países integren superávit exigible.

Néstor Kirchner y Lula Da Silva, ayer, en Rio de Janeiro, después de firmar el «Acta de Copacabana», donde los dos países se pusieron de acuerdo en no aceptar presiones del Fondo que puedan afectar al crecimiento de la Economía.
Néstor Kirchner y Lula Da Silva, ayer, en Rio de Janeiro, después de firmar el «Acta de Copacabana», donde los dos países se pusieron de acuerdo en no aceptar presiones del Fondo que puedan afectar al crecimiento de la Economía.
La Argentina y Brasil cerraron ayer en Rio de Janeiro un devaluado acuerdo, por lo menos, frente a las expectativas originales para mantener una posición conjunta entre los dos países ante el Fondo Monetario. Sin embargo, y como contrapartida, los dos países lograron destrabar varias obras de infraestructura demoradas desde hace años. De esta manera, el resultado del encuentro quedó más cerca de lo que se buscaba desde el país vecino que de las esperanzas iniciales que desde la Argentina habían aparecido luego del encuentro entre Néstor Kirchner y Luiz Inácio Lula Da Silva el 27 de febrero en Caracas.

Según los textos del «Acta de Copacabana» y la «Declaración sobre cooperación para el crecimiento económico con equidad» (ver texto completo en www.ambitoweb.com), los dos documentos firmados ayer por los presidentes, no habrá negociaciones conjuntas entre la Argentina y Brasil ante el FMI, y cada país mantendrá su relación y sus discusiones económicas de manera independiente. Con esto cayeron las esperanzas del gobierno argentino de contar con Brasil como aliado para defender posiciones como la quita de 75% de la deuda o el congelamiento de 3% del PBI como superávit fiscal.

Sobre la fórmula de separar el gasto social del cálculo de ese superávit primario, tampoco hubo acuerdo, y sólo se mantendrá la posición brasileña amparada por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), de no tomar las obras de infraestructura en el cálculo contable. Fuera de esta realidad, hubo frases de buena voluntad, pero de contenido general, como el hecho de que las negociaciones con los organismos «no deben comprometer el crecimiento y deben garantizar la sustentabilidad de la deuda». También se rescató desde la Argentina que se haya criticado en el acta final al sistema financiero internacionaly llamó a tener «capacidadtransgresora» en el momentode negociar con el Fondo.

• Infraestructura

En concreto, lo que prevaleció finalmente es la posición brasileña de no comprometer las negociaciones ante el FMI y obtener el apoyo de la Argentina ante el reclamo de no computar las obras de infraestructura en el cálculo del superávit fiscal en las próximas negociaciones con el FMI para 2005. Para el gobierno de Lula, la obtención de esta posibilidad es esencial, ya que se reduciría la meta de superávit en por lo menos un punto del PBI, ubicándose para el año próximo en 3,25%. En el caso de la Argentina, no se alteraría la cuenta de 3% de PBI.

Los dos presidentes tuvieron ayer una reunión más breve que la esperada.
Todo estaba organizado, por lo menos desde los seguidores de Néstor Kirchner, para que los jefes de Estado negocien largamente hasta bien entrada la tarde. Ante esta expectativa, desde la Argentina se dispuso a primera hora de la mañana de ayer suspender el regreso programado para la tarde y reprogramar el viaje a Buenos Aires para hoy. Mientras tanto, Kirchner permanecería junto con Lula negociando con sus colaboradores en el lujoso Hotel Copacabana Palace.

Sin embargo, los planes cambiaron a media mañana. Mitad, por una crisis interna que mantiene Lula, que lo obligó a estar presente en Brasilia en una reunión de intendentes de su Partido Trabalhista y la necesidad de atender los reclamos salariales de la Policía Federal; mitad, por la insistencia del ministro de Hacienda, Antonio Palocci, de no continuar con una reunión que, a su criterio, podría no ser bien vista por el FMI; Lula decidió suspender abruptamente el encuentro y, antes del mediodía, voló de regreso a la capital de su país. El presidente brasileño suspendió hasta el almuerzo de gala organizado en el imponente Salón Azul del Copacabana.

Donde sí se llegó a acuerdos importantes fue en el compromiso de acelerar varias obras de infraestructura que, pese a contar con financiamiento del BID, están retrasadas desde hace años.
En realidad, se trata, tal como adelantó ayer este diario, de un viejo plan elaborado por la entidad financiera que maneja Enrique Iglesias y que fue presentada en sociedad en los días de Fernando Henrique Cardoso, y por el cual Brasil concentra varios proyectos de obras públicas que lo coloca en el centro de importancia del continente sudamericano. En su momento, la iniciativa fue trabada en los gobiernos de Carlos Menem y de Fernando de la Rúa, pero fueron desempolvadas ahora por iniciativa de Lula y del BID.

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