Maíz, nueva víctima de las políticas oficiales
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Además del hecho de que el «humor» agropecuario no es, justamente, el más favorable para encarar en este momento voluminosas inversiones como las que requiere el cereal, los principales hechos negativos son dos. Por un lado, las inesperadas fluctuaciones en las cotizaciones internacionales del maíz en el último mes y medio, tras la abrupta mejora que falta combustible en el mercado (en algunas zonas el gasoil se paga por encima de $ 3 el litro), y en estos días tampoco parece fluida la provisión de urea.
En este contexto, y aunque las cotizaciones de la soja retrocedieron más que las del maíz (en el mismo lapso), los costos directos de la oleaginosa, que ronda los u$s 250 por hectárea, es decir, casi la mitad de los del maíz, y el hecho de que sea un cultivo bastante más rústico, la hacen aparecer como una alternativa mucho más atractiva o, al menos, con menor riesgo por la plata que se «entierra».
Otro elemento que conspira contra el cereal es el de los altos arrendamientos que, en muchos casos, ya se pagaron o vienen de contratos anteriores por varios años. En estos casos, el maíz, si el clima mejora, quedaría reservado sólo para las zonas típicas del cultivo y, especialmente, en los campos propios. En el resto, y probablemente también con menor tecnología, la actividad se inclinaría rotundamente a la soja, aunque se prevé que algo de cereal se hará también en zonas extrapampeanas. Sin embargo, buena parte sería para destinarlo a uso propio con hacienda, lo que disminuiría más aún la disponibilidad de grano para el mercado.
Así entonces, ahora el maíz se agrega a la lista de retrocesos que van a pesar, no sólo en el nivel de actividad económica en el interior, sino especialmente, en las cuentas fiscales y en la balanza comercial que, tras el nuevo achicamiento que se proyecta para el período actual, ya muestra posibilidades de llegar a ser negativa el año que viene.




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